En Elda, Alicante, se repitió un caso muy similar al crimen perpetrado por Ana Julia Quezada contra el hijo de su pareja, Gabriel Cruz, de 8 años. Una persona fría, manipuladora y celosa habría planeado el asesinato de un niño de 8 años para deshacerse de él y de la atención que recibía de su padre.

Alejandra García Peregrino, de 30 años, logró superar una discapacidad auditiva y de habla, egresó de la universidad y se dedicó al deporte, especialmente al running.

Desde hace 8 años trabaja como dependienta en una tienda del grupo Inditex, tiene un hijo de 4 años que fue fruto de su primer matrimonio y una niña de 5 meses que tuvo junto a Daniel Faus Pozuelo, su actual pareja.

Para sus conocidos, Alejandra era una mujer luchadora, trabajadora y buena madre, pero recientemente una investigación policial derrumbó por completo la buena imagen que había transmitido a su entorno.

Actualmente Alejandra es acusada de asesinar al hijo de acogida de su pareja el 30 de agosto de 2017 después de simular un ataque en el que presuntamente unos motoristas ingresaron a su vivienda para agredirlos brutalmente.

Dominique, de 8 años, perdió la vida en el presunto incidente en circunstancias muy extrañas. Las autoridades encargadas de investigar el caso finalmente lograron comprobar la implicación de Alejandra y es así como se convirtió en “la Ana Julia de Elda”.

La detuvieron cuando regresaba de dejar en el colegio a su hijo de cuatro años, en sus declaraciones cambió la versión de los hechos y aseguró que inventó el presunto ataque por miedo. Asimismo, dijo que el niño había muerto tras atragantarse con un trozo de jamón.

Después de nueve meses de investigación Alejandra ha sido acusada de simular un asalto y de asesinar Dominique, el hijo de acogida de su pareja Daniel, quien revisó una carta anónima que se refería a la culpabilidad de Alejandra.

La presunta asesina del menor simuló un ataque y se hizo cortes en el pecho con tijeras, jamás pensó que esto se convertiría en una prueba en su contra después de que los investigadores comprobaran que en el mango de las tijeras solamente había restos biológicos suyos.

Después de la muerte del niño ella mantenía una vida normal, publicaba con mucha frecuencia contenido en sus redes sociales sonriente, con poses sugerentes y compartiendo sus actividades deportivas.

Tras el presunto ataque que sufrió y en el que perdió la vida el pequeño ella recibió constantes muestras de apoyo de su pareja y de toda la familia, incluso de los padres de Dominique, que mostraban empatía ante casos mediáticos de violencia infantil tal como el de Gabriel Cruz que conmovió a toda España.

Ahora las personas cercanas al entorno de Alejandra atan cabos sobre el caso, alegan que en el supuesto ataque a su residencia ninguna cerradura fue forzada ni se escucharon ruidos. La policía descartó la versión desde que comprobó las incongruencias en las declaraciones de la acusada y que las cámaras de seguridad no captaran la presencia de los presuntos asaltantes que irrumpieron en su vivienda.

Los agentes del Grupo de Homicidios de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) presumen que Alejandra estranguló al niño mientras estaba bajo su cuidado.

El día del asesinato, una vecina ingresó al apartamento al encontrar la puerta abierta y encontró a Alejandra maniatada en una silla mientras el pequeño yacía sin vida en otra habitación.

La acusada relató que fue abordada por dos motoristas con cascos que la abordaron en el rellano del piso obligándola a entrar y que la ataron mientras la agredían y la sometían a tocamientos de tipo sexual.

Los padres del pequeño Penélope Martínez Serrano y Daniel Faus Pozuelo después del asesinato emitieron un comunicado en el que agradecían el apoyo recibido y pedían respeto por su privacidad en tan duro momento.

TC / LV

Asimismo, pedían por la recuperación de Alejandra, y que cesaran las especulaciones sobre el hecho.

Finalmente, la investigación comprobó la implicación de la pareja del padre del niño dejando a todos desconcertados y causando indignación en la población por la maldad con la que actuó la acusada ocultando todo mientras fingía sentirse devastada tras la muerte del niño.

Un caso estremecedor que nos invita a alzar la voz contra la violencia y a permanecer atentos ante cualquier signo de maltrato infantil a nuestro alrededor. Compártelo.