La historia de Christen McGinnes se disparó en la cabeza en 2010 con un revólver después de tomar la decisión de acabar con su vida mientras atravesaba una fuerte depresión porque rompió la relación con su pareja y perdió su trabajo.

El impacto de bala que recibió desfiguró su rostro, destruyó el lado derecho de su cara desde el ojo hasta la barbilla, pero ella sobrevivió.

Ahora relata su experiencia y asegura que “No me arrepiento de haberme pegado un tiro”.

Ese día Christen cargó un revolver .357, estaba en su casa en Virginia cuando una fría mañana decidió suicidarse. Había pasado un año de momentos duros entre la muerte de su abuela, la pérdida de su trabajo y la separación de su pareja.

“Hasta el 2009 tenía una vida encantadora. Tenía muchos amigos. Me encantaba mi trabajo, compartía con mi abuela como su mejor amiga. Pero de pronto, todo se fue al infierno.

Perdí mi trabajo, mi abuela murió. Estaba saliendo con un chico realmente agradable, me mudé con él y después rompió conmigo.

Perdí todos mis ahorros y comencé a beber mucho. No había estado durmiendo bien y, aunque no estoy segura si lo sabía admitir, estaba muy deprimida.

Pedí ayuda a algunas personas, pero me sentí como una carga y me aislé. En ese momento, pensé que matarme era lo correcto. La decisión correcta.

Yo tenía un arma, un revólver .357 y estaba segura de que me mataría con él. Sabía lo que era capaz de hacer esa arma, entonces preparé mi apartamento para prevenir que la bala atravesara la pared y pudiera lastimar a otra persona.

Después de varios meses de mucha ansiedad, por primera vez me sentía tranquila. No tenía miedo a morir. Así que apreté el gatillo”, relató.

Pero, aunque parezca increíble, Christen logró sobrevivir, no sabía que su compañera de habitación dormía en la habitación contigua cuando se disparó.

“Apreté el gatillo, y fue realmente ruidoso, no pude ver nada. Escuché a mi compañera gritar ‘¿Qué es eso, ¿qué es eso’? Y pensé, ‘Oh mi dios. Se suponía que no debería estar en casa”.

La escuché gritar y salió al balcón, el ruido que escuché de su boca ha sido el chillido más estridente y más aterrador que he escuchado en mi vida”, relató Christen.

De inmediato la trasladaron al hospital en un helicóptero y estuvo en estado de coma durante tres semanas, la bala había destruido la mitad de su rostro, se había desprendido su mandíbula derecha, un tercio de sus dientes y su lengua, también la mitad inferior de la boca y el ojo derecho. También se había roto su nariz.

Lo primero que recuerda Christen es a su padre tomando su mano y diciéndole que todo lo que tenía que hacer era recuperarse, que todo estaba resuelto y estaba a salvo.

Sus familiares y amigos llenaron su habitación de cartas y regalos, una de las enfermeras que la acompañó mientras estaba inconsciente le leía todas las tarjetas y cartas y Christen asegura que la ayudó a recuperarse y a sentirse agradecida de haber sobrevivido.

“El mayor cambio para mí fue ver cuánto apoyo tenía realmente y cuánta gente se preocupaba por mí, y algunos de ellos estaban muy molestos porque había tratado de acabar con mi vida”, comentó ella.

Aseguró que el amor y apoyo que sintió de su familia era tan poderoso que le quitó la depresión y la ira, Howard, una de sus amigas, fue la primera que la visitó en el hospital.

“Cuando entré en la habitación del hospital ella estaba irreconocible. Estaba hinchada, la mitad de su cara estaba vendada porque se la había volado. Su mandíbula no estaba, estaba desfigurada y el rostro lo tenía tan inflamado que ni siquiera parecía la cara de un ser humano.

Pero finalmente vi su frente y su cabello rojo y supe que era mi Christen”.

Desde entonces, ha sido sometida a 49 cirugías para reconstruir su rostro y necesitará más operaciones.

Actualmente está asistiendo a sesiones de terapias, y aseguró que ya no será la misma de antes, pero está agradecida ahora disfrutando la vida que tiene.

“Durante mi recuperación, conocí y me enamoré de un hombre maravilloso. Él es sordo y no le importa que yo no sea capaz de hablar como lo hacía antes. Valoro más mis amistades y el tiempo que comparto con la gente que me quiere. Pero no me arrepiento de lo que hice.

Después de esa dura experiencia, Christen dedica su tiempo a ayudar a otras personas a romper el esquema que rodea la salud mental y los intentos de suicidio. Trabaja como voluntaria en el Trauma Network Center en Virginia.

“Soy implacablemente optimista y nunca tuve un problema para levantarme de la cama o sentirme triste ni nada de eso. Entonces, fue grandioso para mí cuando comencé a luchar para tener buena salud mental”, resaltó Christen.

Muchas personas tienen instinto suicida y han intentado acabar con su vida, pero lo suelen ocultar, pero al hablar de la experiencia tal como lo ha hecho ella puede motivar a otros a buscar ayuda y recordarles que no están solos.

La amiga de Christen, Howard, comentó que: “Para Christen, pasar por todas estas cirugías y verla pasar por el proceso solamente resaltó lo que siempre pensé de ella. Siempre pensé que era una persona fuerte, siempre pensé que era una persona capaz, siempre pensé que sentía una gran compasión por los demás”.

Daily Mail

Christen se está recuperando favorablemente, y dedica su tiempo a promover la importancia de la salud mental y ayudando como voluntaria en una organización que apoya a las personas con instintos suicidas.

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