David Paul Lynch, un hombre de 56 años originario de Venecia, fue acusado de producir pornografía infantil y viajar con regularidad a Filipinas para abusar sexualmente de niños menores de edad.

Afortunadamente lo sentenciaron a 330 años de encierro en una prisión federal.

Por fortuna no habrá más víctimas, pero es verdaderamente lamentable que exista alguien con tanta maldad, capaz de hacer tanto daño. En el mes de octubre de 2017, un juzgado federal lo sentenció culpable bajo los cargos mencionados por involucrarse en la perversión conocida como “turismo sexual de niños”, según un comunicado del Departamento de Justicia de Tampa.

David Paul Lynch planificó sus viajes mediante comunicaciones en línea, a través de Internet, con otras personas de Filipinas que prestaban sus servicios para ubicarle a los niños que más adelante serían sus víctimas.

Esas personas eran cómplices encargados de localizar a los menores de edad que Lynch explotaría sexualmente al llegar al país. El peso de la ley también debería caer sobre ellos, todos son responsables.

Al llegar a Filipinas, el acusado procedía a hacer el tour y durante el tiempo de estadía tenía sexo con los niños y grababa el acto sexual para después comercializar las fotos y los vídeos. Es decir, que este hombre era un productor de pornografía infantil con cómplices a nivel internacional. Se conocen al menos a tres niños que seguro fueron víctimas de semejante atrocidad.

Agentes del FBI arrestaron a Lynch en San Francisco el 30 de diciembre de 2016, mientras pretendía tomar uno de sus vuelos hacia Filipinas. Mientras registraban su casa en Venecia, las autoridades encontraron docenas de imágenes producidas por él, e inclusive videos, de pornografía infantil explícita que lo implicaba de forma muy evidente. Fue en ese momento cuando terminaron de juntar las piezas y entender qué hacía durante sus macabros viajes.

Asimismo, encontraron comunicaciones vía email en las que Lynch, sin vergüenza alguna, solicitaba pornografía infantil que contuviese material con otros niños filipinos siendo abusados… Qué asco de ser humano. Este monstruo no podrá salir más a hacerle daño a seres humanos inocentes, quién sabe cuántos traumas y problemas de por vida le habrá causado a los pobres niños que fueron sus víctimas.

Pinellas County / Pixabay

Después de la sentencia dictaminada en Tampa, la juez del distrito Virginia M. Hernández Covington ordenó a Lynch a entregar su casa de Venecia a las autoridades, incluyendo sus computadoras u otros dispositivos electrónicos. Quién sabe cuántas atrocidades más encontrarán allí. Por fortuna le han dado 330 años tras las rejas.

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