Una vez más la violencia desmedida de alguien con severos trastornos psiquiátricos e incapacidad para controlar sus emociones de ira le costó la vida a un pequeño inocente de solo cuatro años.

El crimen sucedió en Ciudad de México, cuando el padre de un menor de cuatro años lo asesinó a golpes, en complicidad con la madre, lo dejó abandonado en la mitad de la calle después de tenerlo durante un día en el interior del autobús. 

Nadie reclamó el cuerpo del pequeño durante dos meses en los que permaneció en una fría mesa de la morgue sin tener al menos un último adiós digno después de morir a causa de las más horribles torturas.

Ese fatídico día tenía un abrigo verde que terminó empapado de sangre, unos zapaticos negros, un polo azul y un pantalón blanco.

El pasado 20 de septiembre, un día después de que el fuerte sismo afectara la ciudad, el niño hizo molestar a su padre que era conductor de un autobús porque había perdido su dinero.

El pequeño vivía con sus padres y sus dos hermanos entre el autobús y una vivienda al sur de la ciudad, en un barrio aislado de condiciones deplorables y sin transporte público. Cerca de esas calles irregulares donde las familias viven hacinadas en viviendas improvisadas, abandonaron su cuerpo.

El día siguiente de haber asesinado a su hijo, los padres siguieron trabajando como si nada hubiera pasado. Lo envolvieron en cobijas y abandonaron su cuerpo sin vida cerca de su vivienda.

Antes de que hallaron su cuerpo sin vida transcurrieron dos días, estaba envuelto en cobijas de color azul, y se podían notar las lesiones de las agresiones que recibió.
Aunque se pudo comprobar que recibió dos golpes letales que acabaron con su vida, uno en la cabeza y otro en las costillas.

El cuerpo lo encontró una persona que transitaba por la calle Eje 10 Sur de la colonia de Santa Catarina en Tláhuac, en Ciudad de México, lo trasladaron al Instituto Forense donde comprobaron que murió por traumatismo craneoencefálico y torácico.

Felipe Edmundo Takajashi, es director del Instituto de Ciencias Forenses de Ciudad de México, y declaró a los medios de comunicación: “No concebimos que en una familia falte un niño y todavía nadie lo haya lo buscado”.

El pequeñito ingresó al Instituto Forense, el 24 de septiembre, cuatro días después de su muerte al ver que nadie había ido a reclamar su cuerpo, así que decidieron difundir un retrato del niño pidiendo a los ciudadanos ayuda para encontrar a sus familiares.

Concluyeron que si nadie lo reclamaba en un período de 12 meses, lo enterrarían en una fosa común.

De acuerdo al informe, el pequeño no tenía signos de desnutrición ni indicios de que fuera un niño abandonado.

Finalmente, los abuelos del niño se dirigieron a reclamar el cuerpo el pasado fin de semana después de ver su fotografía en los periódicos. Ellos declararon que su nieto era víctima de maltratos por parte de sus progenitores, los vecinos también comentaron que en varias oportunidades vieron cómo lo agredían. Pero nunca hicieron una denuncia formal.

Los padres tuvieron muchos días para planificar su fuga, porque fue después de identificar el cadáver que las autoridades policiales pudieron emitir una orden de captura en su contra.

La Prensa / Infobae

Nadie los había visto, pero los vecinos declararon que en reiteradas oportunidades se vieron obligados a intervenir para defender al niño de brutales palizas.

Fueron capturados el pasado martes y enfrentan una condena de 50 años de prisión por homicidio calificado. En la Ciudad de México han sido asesinados 89 niños desde el 2012, más de un menor muere cada mes a manos de la violencia.

Es importante denunciar cualquier signo de maltrato para salvar una vida, y velar por la justicia. Comparte esta trágica noticia y alza tu voz contra la violencia infantil, quien agrede a un niño no merece llamarse ser humano.