El horror que se vivió en Kavumu, un pueblo de la República Democrática del Congo, merecía ser conocido por todo el mundo.

A pesar de que muy pocos sabían dónde está ubicada esa localidad, ahora todos hablan del “fenómeno Kavumu” después que salió a la luz el escándalo que sufrían las niñas como parte de los rituales de magia negra que practicaban en el lugar.

Entre el año 2013 y el 2016 se produjo una ola de violaciones y es primera vez en la historia de esa nación que hay arrestos en masa por esa causa.

Frederic Batumike, es un diputado provincial que está acusado de liderar a una milicia de 18 hombres que han abusado sexualmente de aproximadamente cincuenta niñas como parte de rituales de magia negra.

“Niñas entre 18 meses y 11 años fueron secuestradas de sus casas por la noche”.

La primera que sacó a la luz este caso fue una periodista llamada Lauren Wolfe, quien dio a conocer a la opinión pública la horrible realidad que se vivió en Kavumu.

“Cuando la familia se despertada no sabía dónde estaba la niña, la buscaban y el resultado siempre era el mismo, aparecía abandonada en un campo después de haber sido violada”, relató ella.

Comentó que las viviendas son chozas muy pequeñas donde viven hasta once niños en su interior, seleccionaban a una niña al azar, la violaban en grupo y la dejaban abandonada.

La periodista aseguró que durante tres años, estos casos de violaciones han sido silenciados y no han buscado culpables.

El juicio sobre este caso inició el pasado 9 de noviembre y terminará el día 26, según declaraciones de Jean Chrysostome, activista y representante de las víctimas, esta es una importante lucha contra la impunidad.

Lorena Aguirre, jefa de misión de Coopera en Congo, una ONG, alegó que “Durante mucho tiempo, este caso ha sido olvidado, pero las vidas de esas niñas han quedado destrozadas para siempre”.

Esa organización era la única que se encontraba en esa zona rural cuando se produjeron los casos de violación, su representante, una mujer española que vive en África desde hace 11 años atendió como psicóloga a las víctimas.

Lorena comentó “Fue muy desagradable y lo vivimos poco a poco, comenzaron a aparecer niñas muy pequeñas violadas. Ha habido otros casos de violaciones en este país durante la guerra pero jamás había ocurrido algo tan grave como esto”.

También comentó que no se ha podido conocer el número exacto de víctimas porque muchas no asistieron al hospital, y sus casos no se registraron.

Relató que la más pequeña que atendieron tenía un año y medio, asimismo dijo que había muchas víctimas de 2 y 3 años, y sobre todo de 6 años.

Hubo casos donde las madres no se percataban de la desaparición de las niñas por las noches, porque se encontraban fuera del hogar trabajando como prostitutas. Las chozas hechas con barro eran muy fáciles de vulnerar por los agresores.

La organización donde Lorena trabaja les ofreció asistencia y un programa de terapias para ayudarlas a recuperarse de tan amarga y traumática experiencia.

Además, las ayudó en su escolarización y en las revisiones médicas periódicas que necesitaban para garantizar su salud ya que las víctimas solían ser niñas de las familias más pobres de la comunidad. Algunas ganan diez dólares al mes para mantener a un hogar de diez miembros.

En algunos casos, las niñas tenían que ser sometidas a procedimientos quirúrgicos para reconstruir las zonas afectadas, a veces no podían operarlas al momento y su recuperación era muy lenta.

Estos crímenes eran motivados presuntamente por la práctica de rituales de magia negra, conocidos como “El diamante rojo” que establece para la población del Congo que la sangre de las niñas vírgenes inmuniza contra las balas, da trabajo, salud y cura el sida.

La República Democrática del Congo tiene dos décadas en conflicto, la mayoría de las localidades del país están controladas por milicias.

BBC

Una representante de la ONU, Margot Wallstrom, fue la primera delegada especial sobre violencia sexual en conflictos, y dijo que el país es la “capital mundial de las violaciones”.

Es aberrante, y difícil de creer que en pleno siglo XXI sigan ocurriendo delitos de lesa humanidad como estos. Alcemos la voz y comparte esta noticia.