Erica Garza parece una mujer como cualquier otra, no es una mujer exuberante pero tiene una historia bastante subida de tono para contar. Ella ha escrito un libro titulado “Getting On”, donde habla sobre una lucha muy particular para acabar con una adicción que tiene desde la infancia.

Erica que hoy en día tiene 35 años, es adicta a la pornografía desde que tenía 12 años.

  Todo comenzó cuando empezó a combatir sus inseguridades por llevar aparatos ortopédicos debido a que sufría escoliosis, después de sufrir las burlas de sus compañeros en la escuela ella esperaba en la noche que sus padres se durmieran para buscar escenas de sexo en la televisión.

Al principio se trataban de escenas bastante suaves pero conforme fue madurando fue buscando cosas más fuertes en Internet.

A los 17 años perdió la virginidad y ya consumía pornografía “hardcore”, desde entonces todo se volvió un círculo vicioso. Sus días pasaban y su adolescencia se iba mientras veía imágenes de sexo de todo tipo en lugar de disfrutar de paseos bajo el sol, estaba obsesionada con escenas donde varios hombres mantenían relaciones con una sola mujer.

Cuando cumplió 20 años, organizaba “fiestas” al menos cuatro veces por semana para tener sexo con nuevos hombres.

Ella los abordaba y les decía lo mucho que le gustaba el porno, que no le gustaba usar preservativos y que tenía un deseo sexual bastante alto todo el tiempo. Ellos se reían o le hacían señales de reconocimiento, ella pensaba que era una señal de intimidad pero en realidad se había convertido en uno de ellos.

“A veces sacaba mi computadora portátil y ponía porno como si se tratara de música”, comentó Erica.

Esto con el tiempo le trajo insatisfacción, ella era una imitación del sexo producido en la industria donde por lo general las mujeres terminan siendo minimizadas. Muchas veces después del sexo se sintió deprimida y utilizada, en ocasiones mientras mantenía relaciones simplemente veía pornografía para desconectarse.

“Tenía una mezcla de vergüenza y excitación sexual, me se sentía enfermiza y avergonzada, mi mente estaba enferma”, confeso.

Ella tenía una relación de varios años con un hombre y lo amaba pero su obsesión con el sexo y la pornografía la llevó a acostarse con un hombre que conoció durante unas vacaciones, en lugar de intentar solucionar su error terminó acostándose con un camarero, lo que la llevó a quedar sola nuevamente.

Todo mejoró cuando conoció a Willow Neilson, su esposo actual que fue el primero en preguntarle por qué le gustaba tanto la pornografía.

Ellos se conocieron en Balí mientras ella trataba de desconectarse del mundo de la pornografía y aunque sus primeros encuentros sexuales fueron con pornografía, él pronto la abordó y le preguntó por qué lo hacía. Desde ese momento comenzaron a trabajar en su obsesión con terapias y un retiro de yoga que la ayudó muchísimo.

Actualmente tienen un hijo y puede asegurar que su vida ha cambiado muchísimo.

DailyMail / Metro

Ella pasó de ver las imágenes más asquerosas y vulgares a través de una pantalla en su habitación a consumir pornografía de una manera moderada. Ella explica que a veces lo hacen ya que ayuda que la excitación sexual sea más rápida en los días que están muy cansados o tienen pendientes muchos deberes con su bebé.

No olvides compartir su historia, quizás alguna persona esté pasando por lo mismo y decida buscar ayuda como lo hizo ella.