Katharina Katit-Stäheli es una ciudadana suiza, de 40 años, que fue acusada por degollar a su bebé, Dylan Katit de 10 meses, el pasado 23 de diciembre la policía alemana la detuvo por huir con el niño y alojarse en un apartamento en Eggingen, al otro lado de la frontera.

Después fueron trasladados a un hospital infantil pero ella se fugó un día después, la policía allanó sus residencias y no encontraron resultados que ayudaran a dar con su paradero. Las autoridades de suiza le habían quitado la custodia del niño.

Así que emitieron un orden de captura internacional con una recompensa de 2.500 euros.

Mientras que, ella confesó que no recuerda bien lo que pasó en la habitación del hospital pero asegura que mató al niño por temor a que los médicos se lo quitaran para “experimentar con él”.

Alegó que apoya la homeopatía, la medicina hindú y china, entre otras alternativas, porque en el pasado había tenido malas experiencias con la medicina convencional.

Katharina argumentó que la malformación con la que nació su hijo se atribuye a un tratamiento que ella recibió por una infección bucal cuando no sabía que estaba embarazada.

“Al final tuve que irme del hospital porque me decían que tenían que hacerme un trasplante de piel, que podía morirme y todo eran mentiras. Al día siguiente ya estaba bien y me curé a mí misma con medicina alternativa”.

Aceptó que a su bebé le colocaran una válvula en la cabeza pero no le agradó que los médicos quisieran someterlo a pruebas como resonancias magnéticas, porque él “no tenía ningún síntoma, hablaba y estaba bien”.

Así que ella decidió huir del hospital de Zúrich donde estaban utilizando el auto de su padre para viajar a España donde vivió en distintas ciudades.

Katharina huyó a España y se refugió en Torrevieja, Alicante, fue detenida por las autoridades en un hipermercado Carrefour después de que una ciudadana alertara que la había visto.

Cuando la detuvieron la trasladaron a un hospital con el bebé y eran custodiados por agentes del Instituto Armado mientras los médicos evaluaban al niño. Por la noche, la mujer pidió autorización para bañar al menor, y aprovechó ese momento para degollarlo e intentar quitarse la vida con el mismo cuchillo.

El centro de salud negó que haya encontrado el arma blanca dentro del hospital y alegaron que la mujer la introdujo en una bolsa.

Los agentes no pudieron salvar la vida del pequeño Dylan, la mujer fue operada de emergencia y logró recuperarse.

El juzgado de Instrucción número 5 de Torrevieja abrió un procedimiento por la muerte del menor y decretó secreto en las actuaciones de acuerdo al Tribunal Superior de la Justicia de la Comunitat Valenciana.

Finalmente, la mujer fue condenada a 11 años de cárcel, inicialmente el ministerio público solicitó para ella 17 años por un delito de asesinato con la agravante de parentesco pero rebajó seis años de condena por el trastorno de personalidad que padece.

Durante la noche de Navidad, en el 2013, ella escapó con su bebé de un hospital en Suiza donde había sido ingresado para tratar la hidrocefalia que padecía desde su nacimiento.

Los servicios sociales de ese país retiraron a la madre la custodia de Dylan para darle el tratamiento médico que necesitaba, ya que ella no aceptaba la medicina convencional sino los tratamientos de medicina natural y alternativa.

Finalmente, ella reconoció su crimen, desvistió al pequeño, sacó un cuchillo que llevaba oculto en el bolso, lo degolló y se lo clavó a sí misma en el cuello para intentar suicidarse.

Según las declaraciones de un psiquiatra que se refirió al caso, la mujer sufría un trastorno adaptativo de la personalidad que modificó su voluntad y le impidió encontrar “otra solución” que no fuera matar a su hijo.

Juan Moreno, abogado de la primera sesión del juicio, expresó que Katharina está en prisión provisional desde que fue detenida. Podrá tener permisos penitenciarios, como paso previo para obtener la oportunidad de cumplir el resto de su condena en Suiza.

The Sun

Katharina es vegana, le apasionan los animales, en especial los caballos. La dieta estricta que consumía y sus radicales creencias sobre la medicina tradicional, fueron indicios que alertaron a los servicios sociales cuando le quitaron la custodia de Dylan.

Ahora cumplirá su condena por el crimen que cometió y que ha indignado a los ciudadanos. La acusada tiene una hija adulta, de un matrimonio anterior, con el padre de Dylan, un ciudadano egipcio, no mantiene ningún tipo de relación. Antes del crimen, ella trabajaba y cuidaba a cuatro caballos.

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