Todos hemos escuchado de las horribles historias en los campos de exterminio nazis y los atroces experimentos a los que fueron sometidos los judíos.

Sin embargo, no todos conocen el impresionante testimonio de Gisella Perl, una ginecóloga húngara que realizó más de mil abortos a sus compañeras prisioneras de Auschwitz para salvarlas de los tormentos a los que eran sometidas.

No es la primera mujer que arriesgó su vida por salvar la del prójimo; así lo hizo también Irena Sendler para salvar a más de 2000 niños de ser asesinados antes de ir a las cámaras de gas.

Obligada a trasladarse a los campos de concentración para trabajar de la mano del doctor Josef Mengele, Perl fue testigo de los más crueles experimentos.

En un contexto como el de Auschwitz, ciertamente tener un hijo era lo más peligroso para las mujeres. En muchos casos resultaban víctimas de experimentos horribles por parte de Mengele o de violencia extrema. Fue así que con su conocimiento en ginecología, Perl las ayudaba a abortar, salvando así su vida.

La situación de las mujeres era infrahumana y el hecho de que muchas salieran embarazadas demuestra la alarmante e inimaginable realidad a la que se enfrentaban.

“En los barracones sin agua que servían para defecar, los judíos se citaban para tener sexo, rodeados de excrementos y del olor a carne quemada que salía por las chimeneas de los crematorios. Se encontraban para tener relaciones sexuales furtivas y sin alegría, en las que el cuerpo se utilizaba como una mercancía con la que pagar los productos que tanto se necesitaban y que los hombres eran capaces de robar de los almacenes”, recordó Gisella Perl en su libro Yo fui una doctora en Auschwitz, publicado en 1948.

Así fue cómo muchas mujeres quedaron embarazadas en Auschwitz y otras muchas ya lo estaban cuando llegaron de los guetos.

En 1943, uno de los dirigentes nazis ordenó el exterminio exclusivamente de niños judíos, argumentando que no le parecía justo matar a los hombres y dejar que sus hijos crezcan y se venguen en el futuro, por lo que de los 6 millones de judíos asesinados, un millón y medio fueron niños.

En medio de esta situación, las mujeres embarazadas eran llevadas a las cámaras de gas al llegar, y si lograban ocultar sus embarazos, sus bebés recién nacidos eran asesinados con una inyección letal o ahogándolos.

Y Perl tenía la dura y difícil tarea de informar al doctor Mengele sobre qué mujeres llegaban embarazadas, y a las mujeres se les decía que si declaraban quiénes estaban esperando un bebé, les darían doble ración de alimento. En un principio, le dijeron que serían conducidas a un campo de concentración especial, pero inmediatamente se dio cuenta de la horrenda farsa:

“Eran apaleadas con porras y fustas, destrozadas por perros, arrastradas por los pelos y golpeadas en el estómago con las pesadas botas alemanas. Entonces, cuando se desplomaban, eran arrojadas al crematorio…¡Vivas!”

De este modo, si las mujeres daban a luz, no había forma de esconder al niño sin que llorara y finalmente todos serían castigados con la muerte. Si eran entregadas a Mengele también morirían, así que comenzó a practicar abortos clandestinos, sin ningún tipo de calmante y con las pocas herramientas de las cuales disponía.

“El horror se convirtió en un sentimiento de rebelión que me sacó de mi letargo y me dio un nuevo incentivo para vivir. Yo debía permanecer con vida. Dependía de mí salvar a todas las mujeres embarazadas de su destino infernal, si no había otra manera, acabando con la vida de sus niños no nacidos”, relató.

Ella describe cómo en medio de los excrementos, en las peores condiciones, en las noches sin luna, ayudaba a dar a luz a mujeres incluso hasta su octavo mes de  embarazo para después deshacerse de los bebés. Cuenta que incluso llegó a estrangular a uno, no sin antes darle su “beso de despedida”.

Había tomado esta difícil decisión después de que las mujeres embarazadas al igual que sus bebés eran enviados a los crematorios después de usarlos en experimentos.

“El mayor crimen que se podía cometer en Auschwitz era estar embarazada. Decidí que nunca más habría una mujer embarazada”, dijo Perl.

EP / Vix

Una película titulada Out of the Ashes, ganadora de un premio Emy, relata el polémico testimonio de esta valiente mujer. La puedes ver completa en español aquí.

Finalmente, con el pasar de los años tuvo que limpiar su reputación tras haber practicado los miles de abortos, y siguió ejerciendo su profesión trayendo al mundo a más de 3.000 bebés.

The Heroism of Dr. Gisella Perl at Auschwitz

Dr. Gisella Perl risked her life to save thousands of women at Auschwitz. #HolocaustMemorialDay

Publicada por JTA News en Jueves, 25 de enero de 2018

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