En el mundo mueren alrededor de 200.000 personas cada día, de las cuales el 35% que se  encontraban en lista de espera para recibir un órgano, mueren esperando un trasplante. En Europa, asciende a la veintena las personas que en promedio mueren cada día en espera del órgano que les salvaría la vida, pero que nunca llegó.

Sin hablar de la cruda realidad de América Latina, donde el 80% de las personas en espera de un donante fallecen inexorablemente.

Si además sumamos las personas que fallecen diariamente sin haber donado sus órganos, sin haber dado la posibilidad de salvar una vida, la realidad se vuelve más angustiante.

Pero en Holanda, la situación es más crítica aún, llegando a ser 150 las personas que diariamente mueren en la espera de un milagroso trasplante.

Es por eso que el Senado, tras varios días de debate, ha decidido aprobar la ley de donación de órganos, que ha desatado una gran polémica entre sus habitantes.

“La ley entrará en vigor en el año 2020, por la que todos los ciudadanos mayores de 18 años se convertirán en donantes de órganos de modo automático y sus datos figurarán en un registro nacional”.

Los ciudadanos que no quieran hacerlo así, deberán dejar constancia por escrito de su deseo de no ser donantes de órganos, pero si los parientes quieren oponerse a la donación de los órganos de su familiar, podrían rechazarlo a pesar de que el fallecido haya dado su permiso para ser donante, aunque esto no constituya un veto formal.

La psicóloga holandesa Inge den Boer recuerda que tomar una decisión de este tipo en pleno luto requiere de “entendimiento” y recomienda “no intentar convencer” a los parientes para que autoricen la donación, sino “darles información, tiempo y espacio”.

La aprobación de la ley contó con 38 votos a favor y 36 en contra.

Hasta el 2020, los holandeses deberán inscribirse en el registro de donantes para manifestar su voluntad sobre el destino de sus órganos en el momento de su muerte y si una persona fallece sin dejar clara su intención, se le pedirá consentimiento a la familia para tomar una decisión.

“Después de ese plazo, todas las personas mayores de 18 años recibirán dos cartas de advertencia, y en caso de que no contestaran a ninguna de ellas, se les registrará en el sistema bajo el apartado “sin objeciones”.

Dada la gran cantidad de personas –más de un centenar- que mueren en Holanda esperando un trasplante, la ley viene a eludir el vacío creado por las personas que no se pronuncian sobre el asunto, y por tanto, convertirá de forma automática a todos los ciudadanos en donantes, según expresaron los parlamentarios.

Pero más allá de la intención del gobierno, la ley ha causado un gran revuelo y el efecto ha sido el contrario. A pocas horas de su aprobación, más de 30.000 personas se habían registrado para expresar que no querían ser donantes y que deseaban que su cuerpo fuera enterrado en su totalidad.

Mientras que solo 3.000 lo hicieron para autorizar la donación y otras 2.000 lo dejaron en manos de sus familiares. Además, 6.000 que ya habían manifestado su deseo por ser donantes, cambiaron su decisión por el no.

Los contrarios a la ley, repartidos casi a partes iguales en todos los grupos políticos con los partidarios, sostienen que “lesiona el derecho de las personas a decidirse por algo tan íntimo y trascendente”.

El partido de derecha del líder Geert Wilders, ha sido uno de los principales críticos. En su moción presentada señala que “el cuerpo de los holandeses no es propiedad del Estado, es suyo”. Y arega que “no tomar una decisión ya es una forma de decidir”.

Otros partidos minoritarios también expresaron que “solo se puede considerar donante a quien haya dado el consentimiento expreso para ello”.

EFE

En otros países, como España, el líder mundial de trasplantes de órganos y donantes, todos los ciudadanos son considerados donantes a no ser que expresen lo contrario.

Esperamos que se limen las diferencias en el parecer de los ciudadanos holandeses y que la aprobación de ley vaya en beneficio del objetivo final: lograr disminuir el número de fallecidos a causa de la espera de un órgano que no llega, que perfectamente puede provenir de los cuerpos de personas que nunca manifestaron su voluntad, pero que probablemente habrían querido hacerlo.

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