Las llamas han cercado varias poblaciones de Galicia, entre ellas Vigo, la ciudad más poblada. El panorama es desolador, muchas viviendas desalojadas y todos los esfuerzos humanos posibles para salvar el mayor número de vidas, en medio del fuego incandescente.

Arden no solo las miles de hectáreas, sino los corazones de cientos de pobladores que han dejado recuerdos, vivencias y todo lo suyo detrás de los catastróficos incendios que han arrasado con todo lo que pueden.

Tres personas han fallecido este domingo, dos de los cuales fueron encontrados dentro de un vehículo calcinado en la carretera que une dos parroquias de Nigrán. El cadáver del tercer fallecido estaba en un galpón detrás de su vivienda, donde intentó apagar las llamas de un corral para salvar a sus animales.

Durante varias horas dos vecinos de esta localidad ourensana estuvieron desaparecidos tras negarse a abandonar sus casas, que estaban sitiadas por las llamas, pero afortunadamente luego fueron encontrados a salvo.

La situación en Galicia es grave, el personal contra incendios ha agotado todos sus esfuerzos y recursos para hacer el mayor despliegue posible, pero esta jugada de la naturaleza, o de una mano maliciosamente intencionada, es superior a sus fuerzas. Este imprevisto incidente viene justamente cuando 436 operarios fueron despedidos este verano, lo que hace que no cuenten con el personal suficiente para resolver la catástrofe.

En una jornada de fuertes y cambiantes vientos y altas temperaturas, las brigadas han decidido centrarse en los tres puntos más críticos para la población.

El sur de la provincia de Pontevedra, un área densamente habitada, vive la situación más caótica, con el nivel 2 decretado por la amenaza a viviendas en cinco municipios.

El avance de los fuegos ha obligado a cortar carreteras, ocasionando enormes atascos y escenas de pánico entre los conductores. También han tenido que desalojar viviendas en localidades como Gondomar, donde la policía ha tenido que romper las ventanas de algunas viviendas para sacar a personas mayores del interior ante la inminente llegada del fuego.

La Consellería del Medio Rural asegura que detrás de estos incendios hay una “clara intencionalidad”.

“Los incendiarios están bordeando el homicidio”, ha afirmado el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Hasta el momento son más de 6.000 hectáreas las que han estado sumidas en las llamas, producto de 146 incendios, 28 de ellos en la noche del sábado al domingo.

Muchos aldeanos, lejos de mirar por su propia familia y sus bienes, han decidido apostar por la solidaridad y unirse a los cientos de vecinos que han ayudado junto a los efectivos militares, bomberos y fuerzas especiales para apagar el incendio. Tal es el caso de Germán Rodríguez, de 86 años, quien no dudó ni un instante en ofrecerse ante el pedido de la policía de la necesidad de voluntarios.

De nada valieron las súplicas de su esposa Elvira. “¡Estás loco!”, él estuvo ahí presto a ayudar, como los demás.

Con la venida del huracán Ophelia soplando fuerte en la costa, Vigo se puso a arder por los cuatro costados y no se trataba de que las llamas rodearan la ciudad, es que ardía la ciudad entera, en un espectáculo terriblemente sobrecogedor, propiamente apocalíptico que fue rápidamente difundido en las redes sociales, con los gritos de la gente frente al desolador panorama que tenían delante.

El Confidencial / El País / AFP

En la Avenida de Europa, una amplia carretera llena de vegetación y chalés alrededor, se organizó una gigante cadena humana para combatir con cubos de agua el fuego que en cuestión de media hora prendió todo lo que encontraba a su paso.

RTVE / La Sexta

Así, Vigo vio el anochecer con un cielo completamente rojo, como si de una pintura surrealista se tratara, sobrecogiendo a todos los habitantes de la ciudad gallega, y poniendo en alerta a las otras provincias. Frente a tal caos todos se cuestionan y preguntan por qué una mano mal intencionada pudo ocasionar la catástrofe, ocasionando ya 3 víctimas mortales.

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