Janie Hamilton, de North Dorset perdió a su hijo de 36 años, James, que contrajo cáncer testicular y rechazó el tratamiento de quimioterapia por una psicosis inducida por el consumo de drogas.

“El cannabis mató a mi hijo, de dejes que te haga lo mismo”, comentó la devastada madre que recorre las escuelas para alertar a otros padres sobre el peligro del consumo de cannabis que llevó a su hijo a padecer graves trastornos mentales.
Según los informes, la causa del fallecimiento de James fue esquizofrenia, causada por una adicción al cannabis.

Desde que James comenzó a consumir drogas a los 14 años, se volvió adicto, a los 20 años había desarrollado trastornos mentales serios y reconoció ante su familia que sabía que el cannabis era el causante de sus afecciones, pero aseguró que no podía dejar de fumar.

Janie era maestra de música en la escuela preparatoria de North Dorset, actualmente está jubilada, pero no deja de trabajar en una campaña preventiva para que los jóvenes se den cuenta de que el consumo de cannabis puede ser letal.

“Es como la ruleta rusa, y los jóvenes no se dan cuenta de que arriesgan su vida experimentando”, aseguró.

La mujer de 65 años describió a su hijo como un “escritor brillante”, “ingenioso” que soñaba con ser periodista. Asistió a un internado de Surrey, donde su padre quien ahora tiene 69 años impartía clases de matemáticas y la familia vivía en el lugar.

James tuvo problemas para adaptarse, sus padres creen que pudo sentirse intimidado por sus compañeros. Comenzó a pasar tiempo con algunos estudiantes de su curso, y sus padres presumen que uno de ellos le suministró el cannabis para que lo consumiera.

“Estoy convencida de que la psicosis de James comenzó cuando fumó cannabis, le afectó el cerebro, hasta la expresión de su rostro cambió.

No sabíamos en qué momento estaba consumiendo drogas, fuimos muy ingenuos ya que nunca habíamos probado ese tipo de sustancias”, relató Janie.
Ahora saben que James consumía la mayoría de los fines de semana y a veces en días de semana, su conducta cambió y dejó de obtener A en sus calificaciones en la Universidad de Durham.

El joven se retiró de la universidad y regresó a la casa de sus padres, quienes lo veían cada vez más paranoico y retraído.

Un día volvió de su trabajo en la noche y pasó horas dando vueltas mientras agitaba los brazos y gritaba: “¡Soy libre, soy libre!”.

Ese día un médico fue a su casa, un trabajador social y un psiquiatra, quienes diagnosticaron a James con esquizofrenia, estuvo internado en el hospital por tres meses.

 

Cuando recibió el alta médica, dejó de tomar los medicamentos debido a los efectos secundarios, lo que le causó una recaída, estuvo recorriendo hospitales durante los próximos 16 años de su vida.

En 2014 descubrieron que tenía cáncer testicular, pero él se negó a recibir el tratamiento y les rogó a los médicos que no le contaran nada a su familia.

Ellos supieron la dura enfermedad que tenía James cuando estaba en las últimas etapas. Lo único que podían hacer por él era ofrecerle cuidados paliativos, vivió en Salisbury Hospice en Wiltshire.

“En sus últimas semanas, su estado empeoró mucho, estaba enfermo de neumonía. Le pregunté qué podía hacer por él y simplemente me dijo que lo abrazara”, relató la madre de James.

El médico le informó que su hijo estaba falleciendo, así que ella se quedó viviendo en el centro para acompañarlo durante cuatro semanas.

“Pudimos decir todas las cosas preciosas que queríamos decir. Pude decirle que era el mejor hijo que podría tener a pesar de la angustia, el estrés y la profunda miseria que le había causado el cannabis”.

En sus últimos dos días de vida, James salió a tomar aire fresco, y murió pacíficamente.

Daily Mail

James falleció en julio de 2015, por neoplasia maligna testicular y esquizofrenia, de acuerdo a la información de los médicos, él habría recibido un mejor tratamiento para salvar su vida si se hubiera encontrado en su sano juicio.

“Cualquier persona piensa que el cannabis no causa problemas de salud, pero lo cierto es que puede provocar problemas trastornos muy graves. Es mucho más peligroso que otras sustancias”.

“Muchos jóvenes creen que son indestructibles”, dijo Janie.

Ella tiene una hija y tres hijos, hará una gira escolar después de haber contactado con el programa educativo para promover su campaña y crear consciencia.
“Es como si estuviera luchando contra lo que se llevó a mi hijo…algo bueno puede surgir de todo este sufrimiento”.

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