En 2014, cuando Jonatan Antonio Martínez tenía 19 años, le pidió a su novia de 16 que se fueran a vivir juntos. Todo parecía bien a pesar de que eran muy jóvenes para convivir, pero el problema no fue la precoz edad de la pareja, sino el comportamiento del joven. Ambos vivían en Córdoba, Argentina.

Un año después comenzaron los problemas en la pareja por las violentas reacciones del joven hasta que el 21 de septiembre de 2015 la situación tocó fondo. La joven terminó con su cara desfigurada y su novio incluso amenazó a los familiares que la ayudaron.

La Justicia decidió que el joven podía volver a su casa.

Jonatan no sólo atacó brutalmente a su novia, sino que la secuestró durante días y la amenazó. Por todo esto, el hombre fue detenido, acusado de agresión, amenazas y privación ilegítima de la libertad.

Pero la feroz agresión, que terminó con la relación definitivamente, ocurrió un mediodía, cuando ambos jóvenes estaban en la casa que compartían en barrio San Lucas. La familia de la chica denunció que fue atacada con un hierro, con un tenedor y también a golpes, en una secuencia de violencia que siguió en la calle hasta una casa del barrio Coronel Olmedo, donde la chica pudo finalmente esconderse.

La joven sufrió una hemorragia cerebral y varias heridas, por lo que tuvo que ser internada en el Hospital San Roque.

Así quedó el rostro de la novia de Jonatan.

Después lo ocurrido, la chica comenzó a contar a su familia la violencia sistemática a la que era sometida por su novio y que la había mantenido encerrada en la casa durante una semana.

“Nos enteramos de que ya anteriormente la había golpeado. Una vez le supo estirar un brazo y le dio con un fierro, y en las piernas también”, contó Marta, hermana de la joven. 

La familia denunció que la joven vivía amenazada y que el agresor le hacía problema por todo, hasta porque iba al colegio.

“Lo que él quiso fue matarla. De hecho, le ha dicho muchas veces que la iba a matar. Ella ahora nos cuenta que la tenía amenazada”, indicó Marta.

Ese día, con un cuchillo en la mano, Jonatan empezó a acusarla de un engaño y la obligó a caminar hacia la casa del joven con quien creía que se había acostado. “Cuando llegó a la casa, buscó al chico pero no estaba. Ella, sabiendo que si volvía con él a la casa la iba a terminar matando, logró meterse a una habitación. Ahí la gente de la casa llamó a la Policía”, relató la hermana.

Jonatan Antonio Martínez junto su abogada.

Finalmente, la Cámara 2ª del Crimen de Córdoba le otorgó una condena de tres años y un mes de prisión, pero como ya estuvo preso por dos años, queda en libertad.

Mientras, a la víctima, que hoy tiene 19 años, la Policía le entregó un botón de antipánico para que lo utilizara si el agresor se acercaba a su hogar o donde estuviera, según lo resuelto por el juez.

La condena confirmó la imputación original del fiscal Cristian Griffi, quien había investigado el caso: lesiones graves doblemente calificadas por el vínculo y por violencia de género, privación ilegítima de la libertad doblemente calificada y amenazas simples.

Cristian Griffi, el primer fiscal de la causa.

En el juicio, el juez Eduardo Valdés, consideró que las condiciones personales del imputado, su arrepentimiento, el pedido de disculpas y que después de su detención no repitió ataques de género para dar una pena tan baja. También pesó a favor del imputado su edad, que tiene trabajo remunerado y que no tiene otros antecedentes penales.

Sin embargo, la fiscal de Cámara Laura Battistelli había solicitado una pena de cuatro años de prisión, lo que le hubiera valido volver a la cárcel.

El fallo ha generado un gran debate en Argentina, donde todos los días se conocen casos de femicidios realizados por hombres que estaban en libertad a pesar de tener condenas y denuncias por violencia de género.

A pesar de haber sido encontrado culpable, podrá gozar de libertad condicional.

Jonatan podrá volver a su casa porque ya estuvo dos años preso.

Diario La Voz del Interior

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