Los médicos ejercen una labor realmente valiosa, cuando se gradúan asumen el compromiso de salvar vidas. Cada paciente y sus familiares depositan su confianza en los conocimientos de los profesionales de la salud, por eso, no deberían tener margen de error en la precisión requerida para dar su diagnóstico y ofrecer el tratamiento adecuado.

Pero en algunos casos, los médicos se equivocan poniendo en riesgo la vida de las personas o causando daños irreversibles que se convierten en un delito de negligencia la mayoría de las veces denunciado por las víctimas.

Julie Shann, mujer británica de 55 años, recibió la peor de las noticias, a solo dos meses de haber sufrido un accidente cerebrovascular su médico de cabecera le dijo en enero de 2015, que le quedaba “muy poco” tiempo de vida. Presuntamente, tenía un cáncer de pulmón en fase terminal y estaba muriendo.

Tras haberse enterado del devastador diagnóstico y creyendo que iba a morir, empezó a prepararse. Decidió vender casi todas sus posesiones de valor para poder financiar su funeral y que este gasto no recayera en sus seres queridos. Vendió incluso el anillo de bodas y el anillo de eternidad de su abuela. Antigüedades preciosas y preciadas reliquias que de otro modo estaban destinadas a pertenecer a sus hijos.

Al cabo de un mes, resultó que Julie iba a vivir más de lo que le habían vaticinado. No solo eso, un equipo de expertos del hospital Hull Royal Infirmary de la ciudad inglesa de Kingston upon Hull concluyó que había un error. Ella nunca había padecido aquella mortal enfermedad y el médico que la atendió no estaba calificado para dar ese tipo de diagnóstico.

Durante un mes me hicieron pensar que me estaba muriendo, fue absolutamente desgarrador. Intenté mantenerme fuerte para mis hijos, que me apoyaban pero también me afligían, y les hice ver mi valentía, pero a puerta cerrada lloré y lloré”.

“Lloré para dormir por las noches y cada vez que me acostaba, no sabía si volvería a despertarme a la mañana siguiente. Fue tan horrible pensar que todos los días podría haber sido mi último día”.

Después de esta montaña rusa de emociones, Julie declaró que planificar su propio funeral fue absolutamente desgarrador, había pedido al médico una explicación por haber cometido un error así, pero nunca la recibió y llamó a la policía para que lo expulsaran del centro hospitalario.

Al hablar sobre el incidente, dijo que a pesar de que han pasado tres años sigue sin saber a qué se debió tal error, todavía tiene el corazón roto y no lo ha superado, y solo quiere una explicación sobre lo que sucedió, “Merezco respuestas por lo que él me hizo pasar”.

“Nunca recuperaré las cosas que vendí y que sentimentalmente significaron mucho para mí. No debería haber tenido que separarme de todo”, dijo ella.

Daily Mail

Está feliz porque ya no va a morir pero por un error se quedó sin cosas que para ella eran valiosas. Además, sufrió una experiencia aterradora que le causó daños psicológicos.

El error del médico le costó demasiado caro y tuvo consecuencias nefastas que todavía intenta superar, nada le hará recuperar sus bienes materiales ni la angustia que vivió pensando que le quedaba poco tiempo para despedirse para siempre de sus seres queridos.

Todavía exige justicia y pide que se difunda su caso para crear conciencia entre los médicos negligentes que se precipitan con diagnósticos equivocados. Compártelo.