Durante los momentos más difíciles y las más duras batallas se suele contar con el apoyo de la familia para derribar los obstáculos, sin embargo, no todas las familias parecen seguir ese patrón e incluso generan mucho más daño del que ya está hecho.

El 18 de enero del 2009, una chica de 17 años llamada Kacey Harris, fue atacada por un hombre cuando este le roció gasolina en su rostro cerca de una fogata en California. Rápidamente, el fuego incendió toda su cara.

Tuve mis quemaduras en una fogata. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado y me convertí en la víctima de la curiosidad morbosa de alguien”, comenta Harris.

El fuego provocó que el rostro de Harris tuviera quemaduras de tercer grado y tuvo que ser sometida a un coma inducido de tres días por parte de los médicos para lograr salvar su vida, además de someterse a más de diez operaciones.

Las diez operaciones consistían en eliminar la piel quemada y reemplazarla con piel artificial. Mientras la chica pasaba por este duro momento, su familia la culpaba del incidente, le decían que era una mentirosa y jamás recibió una disculpa por el hombre que le roció la sustancia.

Para la joven Harris, pasar por esa situación fue más difícil que recuperarse de las fuertes quemaduras, de hecho, ella se sentía completamente sola. Para ella fue más complicado superar las lesiones psicológicas y emocionales que las físicas provocadas por el ataque de gasolina.

Fui etiquetada como una mentirosa y había perdido mi sentido de identidad con solo 17 años de edad. Debido a que las lesiones que sufrí fueron principalmente en mi cara y cuello, tuve muchas inseguridades que tuve que aprender a superar”, relata Kacey sobre el rechazo de su familia.

Después de varios años de terapia, el rostro de Kacey estaba sin rastros de quemaduras ni cicatrices. Sentía que tenía una segunda oportunidad para vivir y no iba a dejar que su pasado empañara su presente.

Crecer después del incidente fue difícil. Me quedé sin un sistema de apoyo, y muchas personas se unieron en apoyo a la persona que arrojó la gasolina”, dice Harris.

Kacey, ahora con 26 años, comenta que su vida familiar era un caos, que a pesar de ser una familia grande era bastante desunida, y hasta ahora es que ella ha empezado a vincularse nuevamente con cada uno de sus seis hermanos.

Poco a poco, ella logró por si misma recuperar su confianza y abrió su corazón, de esa manera conoció al amor de su vida y se casó. Harris le adjudica a su esposo como parte fundamental en su recuperación emocional, porque él pudo sanar varias cicatrices emocionales que aún tenía.

Ahora, Harris mira positivamente el terrible accidente debido a que le ha dejado grandes lecciones por las que ahora guía su vida.

El incidente cambió mi vida de muchas maneras. Durante los primeros años después del incidente, tomé muchas decisiones terribles basadas puramente en un impulso. Ahora aprecio mi vida… Desde el incidente, mi vida es increíble. Tengo una familia maravillosa, me siento afortunada y agradecida de tener la vida que tengo ahora”, concluye Kacey.

Hoy, Harris agradece a su esposo y a su hijo por ayudarla a retomar su vida y espera que la dura experiencia por la que pasó sirva de inspiración para alguien más.

Daily Mail

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