“Manspreading” es el término que se utiliza para definir cuando en un transporte público una persona, generalmente un hombre, se sienta con las piernas abiertas, incomodando y restando espacio a sus compañeros pasajeros.

En los últimos años se ha hablado de este tema ya que es considerado no solamente grosero, sino también una muestra de que muchos hombres se consideran con el derecho de incomodar al resto de los pasajeros de una unidad solo para sentirse extra cómodos, por lo que es bastante común que este comportamiento sea reprochado o al menos sea visto como algo de muy mala educación.

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Pero algunas personas no se toman muy bien que se les llame la atención por un comportamiento grosero en el transporte público, ejemplo perfecto de esto es lo que ocurrió hace unos días en un vagón del subterráneo de Nueva York, donde una mujer de 37 años le llamó la atención a un hombre de 56 para que por favor cerrara las piernas y así ambos tuvieran suficiente espacio en el asiento que compartían.

Sin embargo, el hombre no se lo tomó nada bien ya que inmediatamente comenzó a insultar a la mujer:

¡Perra, no eres nada! Ya he violado a perras blancas como tú”.

A los insultos rápidamente se unió la agresión física, el hombre le propinaba codazos hasta que finalmente le dio un fuerte golpe en la cara lo que causó que la boca de la mujer se rompiera y que su cabeza impactara contra la pared del vagón.

Después de eso, solo sentí la sangre”, declaró la mujer.

Afortunadamente, el hombre fue detenido por un buen samaritano que lo obligó a bajarse del vagón lo antes posible.

Como es de esperar, la mujer inmediatamente se dirigió a denunciar la agresión que había sufrido y, a pesar de que al principio solo consiguió respuestas evasivas de los oficiales, estos lograron detener al sospechoso, identificado como Derek Smith, de 56 años.

NY Daily News / cbsnews

Con el hombre bajo custodia policial, la mujer dice sentir un gran alivio, cosa totalmente comprensible si se tiene en cuenta que lo único que ella hizo fue pedirle al hombre que cerrara un poco las piernas para que los dos pudiesen tener un viaje más cómodo.

A simple vista se ve como una petición tremendamente fácil de complacer, pero parece que algunas personas son demasiado egoístas y no son capaces de tomarse las cosas con calma y reflexionar sobre cómo sus acciones afectan a los demás.

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