La negligencia médica puede ocasionar daños irreversibles, lamentablemente muchos pacientes han perdido la vida por esta causa. Lamentablemente un niño de apenas 13 años fue víctima de la irresponsabilidad de profesionales de la salud.

Luis Tate, era un joven de 13 años, oriundo de Victoria, Australia, estudiante de 7mo año de nivel básico. Tate, sufría con regularidad de ataques asmáticos y a su vez de alergias, debido a ello debía cumplir con un régimen alimenticio especial.

Una noche, el niño presentó un ataque de asma, lo que llevó a sus padres, Gabrielle Catan y Simon Tate a acudir de emergencia al Hospital Frankston de Melbourne. Fue atendido rápidamente y hospitalizado durante toda la noche para estar seguros de que se recuperara por completo.

A la mañana siguiente, Gabrielle necesitaba salir un momento, pero antes de dejar el hospital, dejó instrucciones a una de las enfermeras de guardia, pidiendo que por favor le dieran de comer a su hijo.

Le indicó la ubicación de su EpiPen y de su portador de antialérgicos, por si se presentaba cualquier emergencia. A su vez, les notificó que Luis era alérgico a la leche de vaca, a los huevos y a las nueces.

“Le dije a la enfermera que la comida más segura para él, en el desayuno era Weet-Bix, un cereal alto en fibra y disponible, junto con leche de soya, y sI necesitaba algo más, tal vez una fruta. Realmente pensé en la comida más segura y simple que podría haber en ese momento”, expresó Gabrielle.

A pesar de la petición de la madre, la enfermara no realizó ningún registro a la cocina del área de pediatría. Así que al momento de que Luis probara su primer bocado se quejó del hormigueo de sus labios y la inflamación de su garganta tras sufrir una peligrosa reacción alérgica.

Los doctores y enfermeras, corrieron a brindar los primero auxilios, suministrando cuatro dosis de antialérgicos, pero ninguno funcionaba. Debido a las circunstancias, tuvieron que anestesiarlo e insertarle un tubo por la tráquea para facilitar su respiración. Tristemente, Luis Tate falleció.

En un principio, se habló que la causa de su muerte fue una hipertermia maligna, ocasionada por una mala reacción a la anestesia. El médico forense del caso, Phillip Byrne, fue el encargado de anexar más pruebas alegando que el pequeño falleció debido a una anafilaxia, una reacción alérgica grave, de un alérgeno indeterminado por la comida recibida la mañana de su muerte.

Junto con las pruebas, los padres de Luis están firmes en la denuncia contra el hospital. Hasta ahora, no sé sabe con exactitud la manipulación ni el suministro de los alimentos en dicho lugar, ya que se hicieron cargo de deshacerse de la evidencia. El hospital se ha negado a comentar algo al respecto.

A través de la denuncia y la investigación solicitada por la familia Tate, buscan concientizar a todos los hospitales en el cuidado de sus pacientes.

“Sabemos que sI no hubiera desayunado, estaría con nosotros en casa en este momento y no estaríamos aquí. Espero que nadie vuelva en unos años con una tragedia similar”, expresaron los padres de Luis.

Mediante lo sucedido, el Hospital Franskston ha realizado cambios en sus instalaciones, siendo más cuidadosos con los alimentos que ofrecen y proporcionando comidas en paquetes sin abrir, la administración de los alimentos a los pacientes con alergia está siendo controlada directamente por las enfermeras.

ABC / Herald Sun

Lamentablemente, esta pequeña familia tuvo que sufrir la pérdida de su miembro más preciado, debido a la deficiencia de un hospital y sus trabajadores. Esperamos se haga justicia en el caso de Luis Tate, y no sigan ocurriendo este tipo de sucesos.

Los profesionales de la salud deben mantener su compromiso de velar en todo momento por el bienestar de sus pacientes, un simple error les puede costar la vida.

Vale la pena compartir el testimonio de estos devastados padres para crear conciencia y prevenir actos de negligencia como este.