Cuando Bea Maso tenía siete meses, sus padres notaron que algo estaba mal en su desarrollo porque la pequeña comenzó a tener dificultades para abrir sus manos y su apariencia era cada vez más rígida.

Los médicos no sabían cómo diagnosticar su extraña afección genética, y no encontraron algún caso registrado para comprar su condición, a la pequeña comenzaron a reconocerla como “la niña de piedra” porque solamente era capaz de mover sus ojos, sonreír y hablar.

Ningún médico logró diagnosticar su enfermedad, y Bea murió el pasado miércoles a sus ocho años.

La única forma que tenía la niña italiana de comunicarse con los demás era moviendo sus ojos, podía hablar a pesar de no poder mover su boca.

El profesor de pediatría de la Universidad de Turín Giovanni Battista Ferrero siguió el caso de Bea y aseguró que es posible que se trate de una forma pediátrica muy agresiva de la fibrodisplasia osificante progresiva, una enfermedad que afecta a los adultos cuando el calcio se almacena en lugares inadecuados del cuerpo.

Alessandro Naso, el padre de la niña italiana comentó: “Lo único de piedra era su voluntad. Para estudiar, para reír, para superar el dolor, para vivir”.

Bea murió el 14 de febrero a causa de un paro cardíaco por insuficiencia respiratoria en un centro hospitalario de Turín, tenía una calcificación crónica en las articulaciones que le impidió el movimiento de la caja torácica.

Lamentablemente, no hubo ningún tratamiento médico que pudieran administrarle para combatir su enfermedad. Lo único que pudieron hacer por ella fue tratar de aliviar su dolor, desde que los síntomas se presentaron por primera vez no hubo solución alguna para Bea.

Sus padres nunca se rindieron, hicieron lo posible para llevar el caso de su hija a los mejores médicos especialistas, crearon una asociación llamada “El mundo de Bea”.

La hidroterapia era uno de los tratamientos al que sometieron a la niña para aliviar sus molestias, ya que el agua caliente lograba ablandar un poco sus articulaciones permitiéndole hacer algunos movimientos. También recibió terapias experimentales y sesiones de quimioterapia.

Stefania Fiorentino, la madre de Bea renunció a su trabajo para poder dedicarse a tiempo completo al cuidado de su hija, pero un tumor cerebral acabó con su vida en agosto del año pasado.

Así que el padre de Bea fue quien la acompañó hasta su último suspiro, la describe como una niña muy inteligente, aseguró que era la mejor de su clase.

“Soñaba con ser anestesista y pedía hacer las cosas sola, ella hablaba muy bien a pesar de las dificultades.

Alessandro Naso comentó que las últimas palabras de su pequeña antes de morir fueron: “Papá, quédate conmigo, no quiero cerrar los ojos, tengo miedo de que si me duermo ya no me despierte más”.

En medio del dolor, aseguró que espera mantener vivo el recuerdo de su pequeña a través de la asociación que creó junto a su fallecida esposa para ayudar a investigar la extraña enfermedad de la que no se ha conocido otro caso en el mundo.

TN

Es imposible no conmoverse con la historia de esta pequeña que siempre será recordada por su adorable sonrisa y su valentía. Esperamos que su padre tenga la fortaleza necesaria para enfrentar tan duro momento, comparte esta noticia.