Norma vivió una horrible pesadilla y lucha porque se haga justicia, estuvo presa por una falsa acusación de militares y se convirtió en la primera mujer mexicana certificada por el Protocolo de Estambul en 2012.

Se pudo conocer que sufrió horribles torturas en un centro penitenciario en Nuevo Laredo donde permaneció encerrada, a Norma Mendoza López la acusó un grupo del Ejército Mexicano de un delito que no cometió.

Mientras estuvo en el penal sufrió en carne propia la crueldad de los miembros del peligroso cártel de narcotráfico llamado Los Zetas, y pudo apreciar que eran cómplices de las autoridades policiales.

Norma se casó muy joven y a los 25 años ya tenía 4 hijos, se divorció poco después de que naciera su hijo menor.

A finales de 2011 Norma conoció a Juan Manuel, un hombre que la invitó a pasar un fin de semana junto a él en la ciudad de Nuevo Laredo, su madre se quedaría a cargo de sus cuatro hijos, pero le advirtió que no aceptara la oferta.

Norma hizo caso omiso a la recomendación de su madre y se fue sin su permiso, viajó para encontrarse con el hombre y se alojaron en el Hotel Quality INN donde se encontraron a Ricardo, un amigo del que la invitó.

Esa tarde, ella salió de su habitación para comprar artículos personales en una tienda, cuando pasó por la piscina se encontró con un grupo de hombres que la invitaron a bañarse con ellos.

El siguiente día, Norma, Juan Manuel y Ricardo fueron detenidos por los sujetos que se bañaban en la piscina, que estaban ataviados con el uniforme del Ejército y portaban sus armas.

“El comandante” que lideraba el grupo apartó a Normal y le dijo: “Vente conmigo 15 días y te soltamos o si no te vas con los detenidos”. Ella se negó y entonces el militar le dijo: “Pues vas a quedar detenida por apretada”.

Los militares los entregaron a la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de Tamaulipas acusándolos de “halcones”, así se conoce el oficio de los miembros de cárteles de narcotráfico que se encargan de vigilar las áreas de trabajo para alertar sobre la presencia de las fuerzas de seguridad del estado.

Desde 2004, “Los Zetas” controlan el tráfico de drogas, la venta de gasolina robada, el contrabando de mercancía, los secuestros, las extorsiones, la trata de personas y otros negocios ilícitos conocidos como “giros negros”.

Pero desde hace ocho años, el grupo de criminales le declaró la guerra a el “Cártel del Golfo”, que antes era su antiguo aliado, y sus “halcones” vigilaban a los visitantes de la ciudad.

Norma y sus dos compañeros quedaron detenidos, les incautaron dos radios, tres teléfonos móviles y otros objetos.

El expediente que abrieron en su nombre decía que los hallaron hablando por teléfono, que atentaban contra la seguridad de la comunidad por ser presuntos “halcones”.

Les negaron el derecho de hacer una llamada y comenzó la pesadilla de Norma en el sistema judicial de su país.

Le trajeron un abogado de oficio que escribía cosas distintas a las que ella declaraba, y ella se negó rotundamente a firmar la confesión sin leerla, presuntamente ella portaba tres teléfonos móviles a través de los cuales reportaría los movimientos de los militares al cártel de narcotráfico, pero los dispositivos estaban sin batería e incluso deteriorados, ella asegura que solo tenía consigo su teléfono móvil.

La encerraron en una prisión gobernada por “Los Zetas” donde los guardias trabajan a su servicio, desde que entró fue golpeada brutalmente por los custodios.

Norma sufrió ocho días de horribles torturas que incluyeron abusos sexuales, “Durante todo el día me golpeaban, querían que confesara que era miembro del Cártel del Golfo”.

Quienes la agredían, tenían una tabla diseñada para torturar a los rivales, tenían un mango de más de un metro de largo y de diez centímetros de ancho con cinco agujeros en el medio, ese artefacto lo usaban para golpearla al menos 15 veces en cada oportunidad.

Recibió azotes en la espalda, en los glúteos y en sus piernas.

Durante los días que estuvo recluida en la cárcel casi no probó ningún alimento ni agua, las presas la despertaban como un balde de agua fría.

“Me arrancaron las uñas, me quemaban el cuerpo con cigarrillos”.

Al octavo día, una interna que tenía obesidad brincó sobre su estómago, Norma vomitó sangre en grandes cantidades y se desmayó, como no podía moverse los internos la dieron por muerta.

Así que al día siguiente la trasladaron en un vehículo de la prisión a la morgue custodiada por dos guardias, hasta que un leve quejido demostró que estaba viva.

Finalmente la trasladaron a una clínica privada donde recibió atención de emergencia.

Después, la llevaron al Hospital General de Nuevo Laredo donde fue sometida a 14 procedimientos quirúrgicos, tenía hemorragias internas, la vesícula rota, el hígado destrozado, varias costillas fracturadas y una inflamación cerebral.

Alejandro Caraveo, cirujano plástico, removió durante varios días los tejidos necrosados de la espalda y de los glúteos de Norma, ya que los golpes que recibía con la tabla causaron que perdiera parte de la carne de esas áreas de su cuerpo.

Cuando Norma desapareció, su familia la buscó por todas partes, su hermana y su madre acudieron al Hospital General donde los custodios que la vigilaban les confirmaron que estaba ahí, pero alegaron que no tenía derecho a recibir visitas.

Ellas insistieron, hasta que uno de los custodios le dijo a la madre: “Si no quiere ver a sus dos hijas muertas tiene 12 horas para que abandonen Nuevo Laredo”.

Norma necesitó permanecer ingresada en varios hospitales durante seis meses para recuperarse de las graves lesiones que sufría. Lo primero que le dijo su madre cuando pudo verla fue: “Te dije que no te fueras con ese hombre”.

Cuando Norma recibió el alta médica las autoridades de Tamaulipas ordenaron que se fuera a la prisión de Nuevo Laredo. Sergio Gómez, el padre de Norma comenzó una serie de protestas y solicitó el apoyo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, además, envió una carta al presidente de México Enrique Peña Nieto incluyendo fotos de la espalda, los glúteos y las piernas destrozadas de Norma.

La oficina presidencial jamás le respondió, y la Comisión Estatal de Derechos Humanos mantuvo en secreto el caso, tal como lo han hecho con las desapariciones, secuestros, asesinatos y extorsiones.

“La Comisión Estatal de Derechos Humanos es un asco”, relató Norma indignada.

Su familia no dejó de protestar, y lograron que el caso llegara a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el organismo dio la orden de que aplicaran el Protocolo de Estambul en el caso de Norma.

Ella pasó seis días relatando el horror que sufrió hasta que concluyó entre lágrimas en el piso en posición fetal. Recuerda que el doctor encargado de evaluarla la levantó y la abrazó.

Finalmente se confirmó que fue víctima de tortura, las autoridades ordenaron que Norma continuara la prisión en la cárcel de Tamaulipas donde fue tratada con respeto y pudo ver a sus hijos.

El Clarín

Después de tres años de litigio lograron comprobar su inocencia y Norma salió de prisión el 14 de enero de 2015 absuelta de todo delito.

Hasta ahora Norma no ha recibido la indemnización que le corresponde, y los militares que la acusaron junto a sus dos compañeros no han sido investigados.

Quiere acudir en busca de la asesoría de la Relatoría de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y de organizaciones internacionales para denunciar lo que sufrió.

Ella logró superar las adversidades con valentía, se muestra fuerte y con una sonrisa esperanzadora. Comparte su impactante historia.