Los osos negros son unos mamíferos sumamente dóciles y juguetones. Pese a su gran tamaño y fuerza, son seres pacíficos que disfrutan de hacer travesuras y explorar a su alrededor.

Las hembras son unas madres extremadamente protectoras y cariñosas que harían cualquier cosa por sus pequeños bebés. Los llevan dentro de ellas durante 7 largos meses y los cuidan hasta que cumplen 2 años de vida, puesto que al nacer son totalmente vulnerables; nacen sordos, ciegos y sin pelaje, por lo que no pueden resistir las inclemencias de su hábitat por sí mismos, por ello la madre siempre está pendiente de lo que puedan requerir sus oseznos.

Sin embargo, la maldad del hombre no conoce límites, llega incluso a los lugares más extremos y alejados del mundo para saciar su sed de sangre y cazar osos inocentes, sin importarle si en su camino se encuentra con unos inocentes osos bebés.

Lamentablemente, esto fue lo que ocurrió el pasado 14 abril cuando Andrew Renner, de 41 años, y su hijo Owen Renner, de tan sólo 18 años, fueron a esquiar a la isla de Esther, Alaska. En su expedición encontraron la guarida en la que una osa cuidaba amorosamente de sus dos bebés recién nacidos, sin sospechar que esos serían sus últimos instantes con vida.

Según el informe ofrecido por la Policía de Vida Salvaje de Alaska, cuando Owen Renner se percató de la presencia de la osa, inmediatamente, sacó su rifle y le disparó sin piedad, quitándole la vida instantáneamente con dos tiros.

“Los cachorros comenzaron a gritar en la madriguera después de que se lanzaron los primeros disparos. los acusados escucharon durante varios minutos y finalmente se dieron cuenta de que no se trataba de la osa muerta, sino de los cachorros llorando”, señaló la Policía de Vida Salvaje de Alaska.

Al escuchar a los pequeños oseznos, los dos malvados hombres se acercaron a la guarida y Andrew disparó a los recién nacidos a tan sólo pocos metros de distancia, terminando la matanza iniciada por su despiadado hijo.

“Andrew Renner asesinó a los cachorros y se deshizo de sus cuerpos lejos de la guarida”, mencionó la Policía de Vida Salvaje.

La madre formaba parte de un proyecto que estudiaba el indíce de población de osos negros en la región, por lo cual, portaba un collar de rastreo. Cuando los hombres se dieron cuenta de esto, notaron que podían estar en problemas al haber asesinado a los osos indiscriminadamente, sin ningún tipo de autorización, la caza únicamente puede darse en tiempos específicos que determina la ley.

Por ello, decidieron deshacerse de los cuerpos de la pobre familia, pusieron en bolsas a los 3 cuerpos, retiraron el collar de la madre y dos días después tuvieron la osadía de regresar, para recoger los cartuchos y comprobar que no hubiesen dejado algún tipo de evidencia.

Posteriormente, Andrew se dirigió al departamento de policía con la piel y el collar de la osa, argumentando que después de haberla asesinado se percató de que estaba lactando, pero no había visto a ningún cachorro. El hombre pensaba que tenía el plan perfecto y que podría salir bien librado del crimen atroz, sin embargo, la policía de vida salvaje les tenía deparada una sorpresa.

Todos los movimientos de Andrew y de su hijo quedaron grabados por las cámaras del lugar. Hasta el momento, el vídeo no ha sido difundido públicamente, pero se cuenta con la evidencia suficiente para castigar a estos dos terribles hombres.

“No hay suficiente indignación en el mundo que pueda equipararse con la depravación de este crimen sin sentido. Siempre que un cazador de trofeos hace caso omiso de la ley y de la vida animal, las organizaciones que promueven la caza y los funcionarios que apoyan sus eventos actúan rápidamente para condenar a los delincuentes. Y sería lo correcto hacerlo ahora”, dijo Kitty Block, presidenta en funciones y directora ejecutiva de la Sociedad Humanitaria de los Estados Unidos (HSUS).

Nadie puede engañar a la justicia. Ahora, Andrew y Owen se enfrentan a distintos crímenes: son acusados de asesinar a los osos, un delito menor, y de alterar las evidencias, un delito que es catalogado como grave.

“Nunca podrán vincularnos con esto”, dijo Owen, sin saber que sus actos estaban siendo grabados.

Jos Bakker/HSUS / Time

Actos como estos nos hacen perder la fe en la humanidad. Esperemos que las autoridades correspondientes cumplan con su trabajo y tomen cartas en el asunto para que los dos hombres paguen por su crimen, aunque con nada podremos regresar a toda la dicha y felicidad que sentía la mamá oso al cuidar de sus hermosos bebés.

¡Comparte esta inaudita historia con todos tus amigos y exijamos que se detenga la caza de osos!