Lo que en Siria comenzó como un levantamiento pacífico contra el presidente Bashar al Asad se convirtió después en una brutal, sangrienta y prolongada guerra civil, involucrando a potencias internacionales.

Si bien es cierto, los acontecimientos dieron un giro cuando la Casa Blanca dio una estocada por primera vez en el conflicto, ordenando un ataque militar contra las fuerzas de Al Asad en abril de este año, lo cierto es que el panorama sigue siendo desolador, sin un norte claro ni esperanzas de un cese al fuego.

Hasta la fecha la ONU declaró un saldo de 470.000 víctimas mortales y más de 4 millones de habitantes han logrado huir. Los que quedan están en un territorio totalmente devastado, donde el 70% de la población no tiene acceso a agua potable, una de cada tres personas no puede satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, más de dos millones de niños no van al colegio y una de cada cinco personas vive en la pobreza extrema.

La revolución siria ha acabado degenerando en una guerra en la que los cristianos han quedado atrapados entre dos fuegos mortales, cuyo índice de víctimas mortales es alarmante.

Es lo que sucedió con el último misionero católico que quedaba en Homs, la tercera ciudad más importante de Siria, siendo fusilado a los pies de su convento, en abril de 2014, pero en estos días ha vuelto a circular en la red su desgarradora historia, que nos conmueve por completo.

Frans Van der Lugt, conocido como “Pater Frans” o “Padre Francis”, nació en Holanda el 10 de abril de 1938, siendo psicoterapeuta se fue a Medio Oriente en 1960 y vivió en Siria durante más de 50 años.

En Homs servía en un monasterio donde cuidaba enfermos y necesitados. Se hizo conocido en 2014 cuando comenzó a colgar videos en Youtube donde pedía ayuda para la ciudad donde vivía, en la que quedaban únicamente 200 familias cristianas en los barrios sitiados, de los 2 millones y medio existentes al inicio del conflicto.

Cuando hubo un período de tregua a principios de febrero de 2014, en que muchos sirios pudieron huir, se le ofreció la misma oportunidad a Frans, pero él respondió:

“Un pastor nunca abandona a sus ovejas”.

“La gente camina errante y gritando por las calles. Estamos hambrientos, ¡necesitamos comida!”, escribió para aquellas fechas el padre Francis en un grupo de Facebook.

Y así un par de meses después, siendo el único sacerdote y el único extranjero que permanecía ahí, moría fusilado al pie de su convento, dirigiendo un mensaje de misericordia a su asesino antes de morir:

“¡Mi hermano!”, fueron sus últimas palabras.

El asesino enmascarado fue directo contra él. Al alcanzarle frente al convento, le apaleó, primero, y luego le descerrajó dos tiros en la cabeza. Con el religioso muerto, y sin que nadie pudiese identificarle, escapó.

Así encontraron sus hermanos al padre Francis, totalmente ensangrentado, pero con un rostro lleno de paz.

Hemos omitido el vídeo, porque las imágenes son estremecedoras. Advertimos que pueden herir sensibilidades, lo puedes ver aquí.

“Un hombre de paz, que con gran valentía quiso continuar fiel en una situación extremadamente arriesgada y difícil en el pueblo sirio, al cual había dedicado desde hace mucho tiempo su vida y su servicio espiritual”, dijo Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, en aquella ocasión.

Así lloró su muerte el Vaticano, pero increíblemente no sólo la comunidad católica lamentó su partida; lo hicieron más aún los activistas opositores en Siria, profundamente conmocionados, que tenían en el párroco asesinado a un aliado bajo las bombas.

Y es que, independientemente de la postura rebelde respecto a los cristianos, el párroco era querido por sus esfuerzos para aliviar el sufrimiento de los civiles. De hecho, La Coalición Nacional Siria, en un comunicado, condenó su ejecución y acusó de ella a Damasco.

Según un amigo cercano del jesuita, su misión en Siria era clara y “se negaba a abandonar el cerco hasta que al menos todos los cristianos estuviesen a salvo”.

Contó que en una ocasión una persona musulmana dijo de él: “Es un gran hombre, es un santo”. Y reflexionaba su amigo: y que un musulmán diga eso del padre Francis, significa muchas cosas.

“Pienso que todos los que lo conocían, lo amaban”, declaró otro clérigo que trabajó cerca suyo.

“Nos dijo que teníamos que amar a nuestro país, a cada persona y a Dios, y que con eso podíamos continuar viviendo”.

“Así como he compartido con ellos sus buenos momentos, ahora que sufren mucho, quiero compartir con ellos sus angustias, sus temores…su muerte. Quiero quedarme con el corazón de esta gente, y salir juntos de este confinamiento a una nueva esperanza”, declaró el padre en 2013.

Como el padre Francis, otros 23 misioneros fueron asesinados en 2013 y ya son 300 los fusilados en los últimos 10 años.

ACI Prensa / Icatholic / Youtube

El espíritu de sacrificio de este buen hombre es el que impera en todos los que se encuentran en situaciones de conflicto, los únicos que se quedan siempre, los verdaderos héroes.

Comparte el impresionante testimonio de fe de este mártir, que no le importó arriesgar su vida con tal de permanecer al lado de los que sufren. Miles de vidas inocentes se siguen cobrando día a día, ¡levantemos la voz por un cese al fuego!