Claudia Garibay Huitzaca enfrentó la dura realidad, al igual que muchas otras jóvenes, de ser madre con apenas 16 años de edad, en el año 2003, en la región de Uruapán, en el estado de Michoacán, México.

Era madre soltera y siempre trató de procurar que a su pequeña no le faltara nada, pero el 19 de abril de 2017 será un día que Claudia jamás olvidará, el día en que el destino de su hija Estephanie Rubí Estrada quedaría marcado de por vida.

La niña, con 13 años le había dicho a su madre que quería trabajar, y Claudia, pensando en que no le vendría mal que supiera lo que significa ganarse la vida, accedió, considerando además que se trataba tan solo de un periodo corto en las vacaciones y que el lugar de trabajo quedaba a 3 manzanas de su casa.

Previamente, el encargado del local, Luis Alberto Hurtado Mora, de 37 años, le había enviado mensajes a Rubí para que acudiera a presentarse, pero claramente sus intereses eran otros.

La mañana del 19 de abril la menor se dirigió a su trabajo, pero por órdenes de Hurtado, le había dicho que ya no fuera a trabajar más.

Al despedirse de su madre, Rubí le dijo: “Te amo”, estas serían las últimas palabras que Claudia escucharía de labios de su hija.

Cuando la menor llevaba 30 minutos de retraso de volver a su hogar, entonces la madre preocupada fue a la panificadora para preguntar por la niña, pero no podía salir de su asombro cuando le dijeron que nunca llegó y peor aún que su supuesto jefe ya no trabajaba ahí, quien más tarde, cuando la madre lo llamó por teléfono le dijo que sabía que Rubí estaba en el cine.

Cuando alertó a la policía y le preguntaron a Claudia por la edad de la niña, ella “dijo que 13”. Ante lo cual los oficiales le dijeron que es normal que las chicas de esa edad abandonen el hogar, “la mayoría están embarazadas”.

Pero Claudia sabía perfectamente que no era el caso de su hija. De todos modos, la obligaron a esperar las 48 horas reglamentarias para este tipo de desapariciones y antes les proporcionó una fotografía de su hija para facilitar la búsqueda.

Al día siguiente, cuando volvió a poner la denuncia, pasó a la oficina del Fiscal regional y después a la de Desaparecidos, pero entre medias notó que entre los oficiales se hablaban entre señas.

“Me preguntaron si mi hija usaba collares. Conteste que sí. Me mostraron uno de estrella de mar y lo reconocí: era de mi Rubí”.

Inmediatamente, fue conducida a la psicóloga, momento para el cual Claudia ya se estaba poniendo nerviosa, no entendía por qué tanto misterio, por qué tantas preguntas sin respuesta.

La psicóloga, con muy poca profesionalidad y sin un atisbo de humanidad, ni siquiera por ser mujer y madre, le respondió:

“Ah, ¿no quiere rodeos?, pues hay un cuerpo que encontramos en el río y tiene las características de su hija ¿Está preparada para verlo?”

Y lógicamente la apesadumbrada madre no quería aceptar la dura realidad que tenía ante sus ojos.

“Ahí supe que sí, que era mi Rubí”

El cuerpo de la menor fue localizado en el río Cupatizio, atorado en una piedra, a 20 metros de las compuertas que destrozan los residuos que llevan el agua.

Su cuerpo presentaba huellas evidentes de violencia sexual: había sido abusada anal y vaginalmente, y además signos de estrangulamiento, ya que estaba amordazada con un calcetín amarillo en la boca, según revelaron los informes.

Luis Alberto Hurtado Mora en todo momento fue el principal sospechoso.

Tras seguir su pista y darse cuenta que el individuo ya había abandonado su domicilio por obvias razones, encontraron cabellos en el colchón, que pertenecían a Rubí, así como fotografías de ella y su madre Claudia, además de otras cosas pertenencias; entre ellas: ropa interior de niñas muy pequeñas, y un ticket de una recarga telefónica del día de su desparición.

Al seguir esta última pista, las cámaras de seguridad verificaron un auto que llegó a esa tienda con Hurtado al volante y Rubí en el asiento de al lado.

Su instinto de madre le permitió a Claudia darse cuenta que en las imágenes la menor lucía como si estuviera drogada, no era su hija así en lo absoluto.

Después de una denuncia anónima y gracias a las pruebas encontradas, finalmente se dio paso al proceso penal por el delito de “homicidio calificado” por el feminicidio de Estephanie Rubí Estrada.

Youtube / FridaGuerrera Villalvazo

La última audiencia tuvo lugar el 16 de octubre de 2017 y se emitió un fallo condenatorio. Fue remitido a una condena de 14 años de prisión, y una multa equivalente a 4.000 euros, un valor simbólico, pero ya nada será suficiente para que Claudia recupere la paz y le devuelva a su hija amorosa, aquella que le dijo “Te amo”, la última vez que la vio con vida.

Un caso más que se suma a la lista de escandalosos feminicidios que suceden día a día en México. ¿Hasta cuándo vamos a permitir que estos atroces crímenes nos sigan robando la esperanza? Comparte esta noticia con tus amigos.