La historia de Sherry Jhonson es estremecedora, su infancia estuvo marcada por el dolor de las heridas incurables que le causaron los abusos que sufrió.

Ella nació en Miami, pero cuando cumplió cinco años se mudaron a Tampa, a Sherry le encantaba ver programas infantiles, jugar y comer golosinas como a cualquier niña de su edad. Pero tres años después todo cambió, y sus días se convirtieron en una pesadilla cuando fue violada por el obispo de la iglesia a la que asistía su madre.

El hombre que abusó de ella vivía en la casa de una de sus tías, un día al salir de la escuela ella fue a visitarla y solo se encontraba él.

La forzó a entrar en su habitación y abusó sexualmente de Sherry que solo tenía 8 años. Ante el dolor lo que le había pasado, ella decidió romper el silencio y contárselo a su madre, pero no le creyó.

La desconfianza de su progenitora no era la reacción que esperaba después de haber sido víctima de un crimen tan atroz, así que se sintió devastada.
Y eso no fue lo peor, poco tiempo después, el padrastro de Sherry también abusó de ella.

“A partir de allí, el esposo de mi madre empezó a abusar sexualmente de mí. Y después de eso, el diácono, que tenía llave de la iglesia, también empezó a violarme. Quedé embarazada a la edad de 9 años y di a luz a mi hija cuando tenía 10”, relató Sherry.

Cuando cumplió 11 años, su madre la obligó a casarse con el hombre que la había violado, ella misma le hizo el vestido de novia que usó en la ceremonia.

La ley permitió el matrimonio tras la decisión de un juez que lo aprobó porque Sherry estaba embarazada y tenía el consentimiento de su madre.

Así fue como logró contraer matrimonio con un hombre de 20 años, transcurrieron seis años y Sherry ya tenía seis hijos.

Su matrimonio era un infierno, dos años después, cuando Sherry tenía 18 años, su esposo fue arrestado por inasistencia alimentaria para sus hijos y ella tomó la decisión de terminar con su relación.

Luchaba con los paradigmas de la crianza de su madre, que le repetía constantemente que el divorcio iba en contra de sus principios religiosos y que si disolvía su matrimonio entonces no iría al cielo.

Sherry tenía 75 dólares que le suministró el Estado y con ese capital buscó un abogado para que realizara el divorcio.

No le importó el temor que le sembró su madre, ella sabía que no podía continuar con un matrimonio plagado de maltrato y abusos.

A pesar de todas las adversidades y traumas que tuvo que enfrentar, Sherry asegura que siempre luchó por hacer felices a sus hijos.

Ella logró salir adelante, asegura que no guarda odio ni rencor en su corazón porque se consumiría a sí misma. Ahora tiene 58 años, y comentó que le costó muchos años de terapia, pero logró perdonar a quienes le hicieron tanto daño, incluyendo a su madre.

Sherry se graduó del colegio a los 55 años, cumplió una de las metas que tenía pendientes.


También, creó una fundación que ayuda a niños abusados, y promueve una campaña para crear consciencia acerca del daño que causa el matrimonio infantil.

Esta valiente mujer no ha dejado de trabajar para que los casos como el suyo no se repitan. Lucha porque el capitolio estatal de Florida cambie la legislación y prohíba que otros niños sean abusados sexualmente a través de un matrimonio legal.

Las estadísticas son alarmantes, solamente en Florida, desde el 2001 al 2015, más de 16 mil niños se han casado, el 80% de los matrimonios se han producido entre niñas con hombres adultos.

Noticias Caracol / Metro

Esto debería cambiar de inmediato, todos deberíamos alzar la voz. ¡Comparte la dramática historia de Sherry!