Tanya Laverty, una voluntaria que hacía trabajos de caridad, quien también tenía una cocina comunitaria dedicada a los indigentes, regresó de un viaje por el mundo y se encontró con que una banda criminal convirtió su casa en una granja de cannabis.

Le había rentado el espacio a una familia, empacó sus maletas y se fue a Asia con su novio. Un día dejó de recibir los pagos de la renta y comenzó a sospechar… Pero nunca imaginó que encontraría algo así.

La mamá de su novio fue a chequear qué había pasado y así fue como se enteraron de la desagradable sorpresa: su hogar había sido destrozado por unos criminales que montaron una granja de drogas en su lugar… Enseguida voló de regreso, y lo primero que vio al llegar fue una manguera que ocupaba todo el espacio de las escaleras. Más adelante, al abrir la puerta principal, encontró el desastre.

Estaba todo absolutamente cubierto de plantas de marihuana. Yo estaba en shock, espantada, había tantas plantas… Ni siquiera pude subir. Comencé a llorar, todo estaba hecho pedazos”, dijo Tanya.

“Estaba cansada, no pude ver casi nada, pero se trataba de una operación masiva. No es solo que hayan venido a hacer algo puntual, era algo mucho más grande y organizado. Era horrible, sentí que mi vida se había arruinado y mi corazón estaba roto”, continuó. Se estima que había unas 200 plantas creciendo, aproximadamente, lo cual significa que la plantación tenía el potencial para producir aproximadamente unos 900.000 euros al año.

Esta mujer de 45 años ha dedicado su tiempo a ayudar a los otros. Tenía cocinas de sopa para los indigentes en Liverpool e inclusive redujo las cobranzas después de conocer al bebé de aquellos que supuestamente iban a rentar la casa. Para después descubrir que esos criminales la engañaron, se aprovecharon de ella para montar un negocio delictivo.

Además, teme por su futuro. Quienes le rentaban la casa por supuesto han desaparecido, ahora los gastos para arreglar el desastre son demasiados, no sabe si tiene suficiente dinero como para solucionar el problema. La policía desmanteló la granja ilegal y confiscaron todo el cannabis. Además de las sábanas, ductos de ventilación, luces y docenas de plantas.

“Así de fácil es convertirse en indigente. Esta es una muestra de lo sencillo, fácil, patético y terrible que es para mí perder mi hogar. Solo porque unos criminales o personas locas vinieron y se apropiaron injustamente del lugar, para destruirlo. Ahora la víctima soy yo. Me he convertido en la indigente que ha ayudado a otros indigentes en el pasado“.

La granja cubre cada habitación del primer piso y se extiende hasta arriba, con ductos de ventilación que atraviesan el suelo hasta los cuartos. El principal no fue tocado, además instalaron luces y cortinas que forman parte del teatro de que allí “vivía una familia normal” Lo hicieron para mantener las apariencias.

Liverpool Echo

Es comprensible su frustración, ya que después de años ayudando a otros en necesidad, le han hecho algo terrible, sin embargo, Tanya no pierde la fe en el ser humano, ya que aseguró saber que hay otras personas buenas en el mundo que de igual forma merecen apoyo. “Sé que hay gente hermosa allí afuera”, dijo.

Condenamos lo que le han hecho a Tanya y esperamos, de corazón, que pronto recupere todo lo que perdió y que siga ayudando a aquellos que más lo necesitan.