Uno de los mayores miedos de cada padre es que sus hijos puedan llegar a adquirir o desarrollar alguna enfermedad que ponga en riesgo sus vidas. Pero para Teresa Milbrandt, en lugar de un miedo era un deseo, ella fingió que su pequeña hija de tan solo 7 años padecía un tipo de cáncer que acabaría con su vida en tan solo algunos meses. Teresa le dijo a su hija, a su esposo, a sus familiares, amigos y conocidos que Hannah padecía de Leucemia, un tipo de cáncer relacionado con la sangre.

“Recuerdo que mi madre me llevó al médico y luego dijo que tenía cáncer, yo no entendía muy bien, pero mi padre lloró y me asusté”, dijo Hannah.

Teresa que para ese entonces era una enfermera a domicilio, decidió encargarse de todos los cuidados que necesitaría su hija. Su padre estaba muy afligido, pero continuaba trabajando y debía viajar con cierta frecuencia, Teresa le decía a Hannah que una enfermera llamada Beth le administraba su quimioterapia.

“Nunca vi a Beth, pero siempre amanecía con parches o vendajes, mi madres decía que mientras yo dormía Beth había venido y me había puesto el tratamiento”, siguió Hannah.

“Desde entonces, recuerdo haberme sentido un poco enferma pero no de la manera en que me decían que lo estaba, mi madre cortó mi cabello y tuve que usar mascarillas para salir de la casa, me decía que así no me enfermaría con los virus de otras personas”, continuó Hannah durante una entrevista que le realizaron.

Muchas personas se solidarizaron con el caso de Hannah y se dispusieron a ayudar de alguna manera.

La comunidad de Urbana, en Ohio, se organizó para ayudar a Hannah, hicieron recolección de fondos para ella, los bomberos le regalaron un cachorro y sus compañeros de clases hicieron un día de sombreros como solidaridad ya que ella siempre usaba un sombrero azul para cubrir su cabeza, incluso la iglesia recaudó fondos para ella.

El caso de Hannah tuvo tanta difusión que un joven en silla de ruedas que tenía 9 años recaudando para su propio tratamiento le donó todos sus fondos.

Los Milbrandt, obtuvieron más de 31.000 dólares para cubrir las facturas médicas de Hannah que podían alcanzar los 500 dólares semanales. Finalmente, Teresa le dijo a Hannah que solo le quedaban algunas semanas de vida y la envió a un consejero para que aceptara su muerte. “Me hicieron dibujar el cielo”, contó Hannah.

Pero nueve meses después de que la enfermedad de Hannah fuera diagnosticada, la policía fue a su casa y se llevó a su madre, a su padre y a su abuela presos. Gracias a una maestra muy detallista, ella fue liberada de su tormento, la maestra notó que el cabello de Hannah crecía uniformemente así que llevo su inquietud al consejo de menores que comenzó a realizar las investigaciones pertinentes.

Ellos descubrieron que Hannah no estaba enferma y todo se trataba de una estafa.

Ellos fueron llevados a un juicio en el que Teresa admitió ser culpable del delito y que solo buscaba poder satisfacer las necesidades de su hija. Fue sentenciada a 6 años y 9 meses por estafa, mientras que su padre aunque que no sabía nada de lo que su esposa estaba haciendo, se declaró culpable por haber puesto la vida de su hija en peligro, fue condenado a 4 años y 9 meses, mientras que su abuela declarada completamente inocente.

Hannah siempre supo que su padre era inocente de lo ocurrido pero nunca pudo hacer nada para ayudarlo.

Teresa explicó que le daba pastillas para dormir para que su hija mantuviera un aspecto enfermizo todo el tiempo. “Me llamaba mi bebé del millón de dólares, en el momento pensaba que lo decía porque me consideraba valiosa, pero con el tiempo comprendí que lo decía por el dinero que le estaba generando mi falsa enfermedad”, dijo Hannah.

Después de que sus padres fueran arrestados, Hannah fue a un hogar temporal.

Sin embargo, su tía paterna logró obtener su patria potestad y se encargó de ella hasta la mayoría de edad, cuando por decisión propia Hannah se mudó con su padre. Desde el día que él salió de prisión mantuvieron contacto, pero su adolescencia fue difícil, necesitó ayuda psicológica y consideró quitarse la vida en varias oportunidades.

Hannah también fue objeto de burla entre los jóvenes de su edad durante la preparatoria, eso empeoraba la situación.

Mirror / DailyMail

Actualmente ella tiene 21 años y está estudiando para ser maestra, además trabaja en un restaurante, mantiene contacto con la maestra que la rescató del infierno que vivía y es feliz en casa con su padre y su madrastra.

Nunca volvió a comunicarse con su madre pero la ha visto en ocasiones pues sigue viviendo en la misma ciudad, Hannah dijo que en ocasiones la ha descubierto observándola de lejos, pero ella no tiene ningún interés en hablarle, la considera una persona tóxica. Teresa expresó durante su tiempo en la cárcel que se sentía arrepentida de lo que hizo con su hija y que prefería haber muerto.

Comparte la increíble historia de Hannah, su caso nos recuerda el daño que pueden causar las personas por ambición desmedida.