Adriana, víctima de una brutal violación tras ser drogada presuntamente con burundanga, se ha atrevido a hablar para advertir a otras mujeres de su pesadilla y desvelar todos los errores que se cometieron en su caso, incluyendo la liberación del violador porque la juez presumió que las “relaciones fueron consentidas”.

La joven estudiaba en Barcelona en ese momento, cuando decidió salir a tomar algo con una compañera. Cuenta que terminaron en el barrio de El Born y se les acercó un grupo de gente, entre los que se encontraba un chico de origen marroquí, que se dirigió a Adriana.

A simple vista le pareció “muy normal, educado y correcto”. Y parecía que no tenía más intención que conversar.

“Cuando ya iban a cerrar insistió muchísimo en ir al Puerto Olímpico. Y allí, en un bar, íbamos a pedir algo, yo quería una cerveza, pero él me dijo que pidiera una copa, porque en ese lugar ponen “copas muy especiales”, comenta Adriana.

“Fue dar un sorbo y en menos de un minuto sentir una relajación absoluta. Él hace un acercamiento, me besa, me saca a bailar, me empieza a dar vueltas. Y hace que mi compañera se vaya, diciéndole que yo me quiero quedar con él”.

 

A partir de ese momento, relata que empieza su pesadilla, en la que es relativamente consciente de que lo que sucede, pero que no tiene ningún dominio sobre sus acciones:

“Me hacía cosas que no quería, empezó a tocarme, a bajarme el vestido, una pesadilla en la que no puedes actuar”, dice.

“Lo siguiente que recuerdo es en mi habitación desgarrándome, cuando le digo: Para,que me haces daño”.

La siguiente escena que viene a su memoria es ya al cabo de unas horas en su cama, con el dolor evidente por el desgarro.

Inmediatamente sale a la calle y se lo cuenta a un agente que encontró en la calle todo lo que le había sucedido: “Cuando se lo cuento al agente que encontré en la calle, su actitud es de incredulidad”.

“Me han robado el móvil y creo que me han violado”, declaró al Mosso d´Esquadra. Entonces su actitud fue cruzarse de brazos y decir: Vamos a ver, ¿cómo que crees que te han violado?”

Entonces llamaron a una patrulla de mujeres, que la llevaron al Hospital del Mar, para luego llevarla al Clinic, centro de referencia para víctimas de agresiones sexuales. Pero como era sábado, le dijeron que no había médicos de guardia y tuvo que esperar.

“Me dejaron sola durante más de una hora. Y claro, en ese tiempo llegó un momento en que salí porque no paraba de llorar y le dije a un médico: ¿Pero qué estamos esperando? Y le pedí ir al baño, y me dijo que fuera libremente, pero se fueron perdiendo pruebas, lógicamente”, declara.

“Y ya cuando llegó la médico forense para reconocerme, miró el reloj, calculó y dijo: Bueno, ya han pasado más de 8 horas, dará negativo, pero hay que hacer un informe y se hará”.

Algo que llamó profundamente la atención a Adriana fue que en el informe forense no constó que hayan buscado escopolamina o benzodiacepinas, una de las drogas más usadas por los violadores para someter a sus víctimas. En su defecto, buscaron cocaína y heroína, y lógicamente los resultados fueron negativos.

Pero afortunadamente, no se quedó contenta con esto. Más tarde, fue a la Comisaría y tras declarar durante 6 horas, la respuesta que recibió fue bastante alentadora:

“Te hemos creído absolutamente porque además esto está pasando y mucho”.

Sin embargo, más adelante aparecen las pruebas que derriban sus declaraciones y que dan pie a la jueza a dar el peor de los dictámenes. Se trata del video captado por las cámaras de seguridad de su residencia, en el que se puede ver llegar a la joven con el violador a las 5 a.m., sin ninguna seña aparente de forcejeo, y se ve cómo los 2 entran en su apartamento.

“Es el agresor el que abre la puerta, mostrando que soy incapaz hacerlo yo, él es el que coge la llave, cuando ve que miro de frente en lugar de ir al ascensor porque voy estática, como un zoombie, es él el que alarga la mano para dirigirme al ascensor y luego al dirigirme a la habitación, ya me remata”, declara Adriana.

Una vez que el individuo ingresa en el domicilio, dispuso de 25 minutos, durante los cuales violó a la víctima, desgarrándola.

“Le da tiempo a que yo me duerma tan profundamente como para grabar un vídeo mío recorriéndome el cuerpo a centímetros con la luz encendida, y a robarme 2 teléfonos, dinero y todo lo que encontró por ahí”, confiesa la joven.

Pero el evidente desgarro fue insustancial para la juez.

“No le dio ninguna importancia, dijo que era normal, que eran relaciones consentidas”, declara indignada Adriana.

Finalmente, el caso nunca llega a juicio, detienen al violador durante 15 días, para después liberarlo, y permitir que siga abusando de toda mujer con la que se cruce en su camino.

La Sexta

Ahora Adriana quiere alertar a la sociedad con su experiencia y advertir a las mujeres que esto puede suceder. Además de hacer un llamado a que los hospitales sean serios en sus protocolos en este tipo de agresiones. Las primeras horas son cruciales.

Es necesario que el sistema judicial haga un replanteamiento sobre su modo de proceder. No pueden haber más víctimas sexuales y más violadores sueltos a diestra y siniestra.

Comparte esta noticia en tus redes y manifiesta tu indignación.