Los rohingyas son una etnia musulmana que es considerada por la ONU uno de los pueblos más perseguidos del mundo. Desde hace décadas se han establecido en Birmania, pero el gobierno de ese país alega que son nuevos inmigrantes y les están negando la ciudadanía.
Son un pueblo de aproximadamente un millón de personas, discriminadas y perseguidas con una brutal represión en su contra. Tienen prohibido viajar, casarse y tener alguna propiedad.

El testimonio de Rashida Begum nos muestra parte de esa horrible realidad, ella tiene cicatrices en el cuello que han sido consecuencia del maltrato que ha recibido de parte de los militares de Birmania que usan el maltrato y las violaciones como armas.

“Vimos los agujeros de excavación militares, para fosas comunes, éramos cinco mujeres con nuestros bebés. Nos agarraron, nos arrastraron a la casa y cerraron la puerta”, relató ella.

Los soldados le quitaron a su bebé de los brazos, ella intentó defenderlo con su vida pero no pudo evitar que lo mataran.

“Simplemente grité, lloré, pero no nos escucharon. Ni siquiera entienden nuestro idioma”, continuó Rashida.

Los soldados no tuvieron contemplación, le cortaron la garganta y le cortaron la ropa, fue torturada y violada junto a las mujeres que estaban con ella.
Rashida perdió el conocimiento y los agresores prendieron fuego en la vivienda y los dieron a todos por muertos.

“Pensé que había muerto, pero cuando mi piel comenzó a arder me desperté”, comentó Rashida.
Estaba desnuda, desorientada y enfrentándose al dolor de haber perdido a su hijo, se escondió en un campo cercano pero deseó haberse muerto.

“Sería bueno que yo también me muera, porque si muriera entonces no tendría que recordar todo este sufrimiento. Mis padres también fueron asesinados, muchas personas fueron asesinadas”, relató la pobre mujer entre lágrimas.

Rashida tiene 25 años, habla con voz suave y no pudo referirse a la pérdida de su hijo porque es la experiencia más dolorosa que ha vivido, pero cuándo le preguntaron si quería venganza en una entrevista que ofreció no dudó en responder.

“Estaremos encantados si los militares que nos violaron y mataron a nuestros hijos son ahorcados”, dijo ella.

Sus labios temblaban, sus manos también, su mirada lejana solo transmitía dolor. “No puedo sacar de mi mente lo que sucedió. Siempre pienso en ello”.

Lamentablemente la historia de Rashida se repite muchas veces en los campos de refugiados que están en la frontera de Bangladesh y Birmania.

El ejército de Birmania ha puesto toda su energía en “operaciones de limpieza” que dirigen a los “terroristas” del estado de Rakhine, quienes perpetraron ataques a puestos policiales encabezados por militantes de los rohingyas dejando a 12 agentes fallecidos.

Pero ante esto, han emprendido una venganza atroz contra todos los que pertenecen a ese grupo de musulmanes y el arma que más han usado son las violaciones masivas. Han abusado de centenares de mujeres y niñas, no se ha podido calcular la cifra.

El ejército se niega a haber cometido tales crímenes y anunciaron que reemplazarán al general que está a cargo del estado de Rakhine.

CNN / BBC

La ONU describe la situación de horror que viven los rohingyas en Birmania como “Una muestra de libros de texto de limpieza étnica”.

Mientras que la organización Médicos Sin Fronteras ha emprendido un programa para ayudar a las víctimas de los abusos, principalmente a las mujeres y niñas violadas.

Muchas están recibiendo tratamiento médico y psicológico para recuperarse de la dolorosa experiencia a la que han tenido que hacer frente sin un hogar donde vivir y luchando por alimentar a sus hijos, incluso con la misma ropa que tenían desde el ataque.

El mundo no puede seguir siendo indiferente ante esta terrible realidad. ¡Compártela!