Los deportistas olímpicos conllevan detrás numerosas historias de superación y espíritu de sacrifico, ya que sin ellas jamás habrían llegado a ser quien son, ni alcanzar las metas deseadas. Sin embargo, no solo historias de disciplina y esfuerzo es lo que tienen que contarnos estos héroes.

En esta ocasión, un conmovedor gesto por parte del medallista olímpico Gus Kenworthy ha dado la vuelta al mundo, y la red entera ha aplaudido su hazaña: lograr el cierre de una granja que criaba perros para posteriormente ser servidos como comida en restaurantes de Corea del Sur.

El estadounidense, participante en la disciplina Slopestyle de esquí acrobático y medallista olímpico en los Juegos de Inivierno de Sochi 2014, visitó el 24 de febrero la granja y no pudo dejar de hacer algo al respecto.

Su paso por Corea del Sur, sin duda tuvo que sensibilizarlo de manera especial, ya que eran muchos los atletas que comentaban horrorizados lo que es tan común en ese país: servir platos hechos con carne de perro.

Pero Kenworthy no se quedó en la posición cómoda de la queja, dio un paso más allá y de la mano de la ONG Humane Society, consiguió lo que muchos activistas y defensores de los animales han aplaudido grandemente, lograr el cierre definitivo de la granja, salvando así la vida de los 90 perros que se encontraba ahí con el destino seguro de acabar en un plato de un restaurante.

El deportista, que en el mes de febrero ya había saltado a la fama por una fotografía en la que se daba un beso con su novio Matthew Wilkas, esta vez ha revolucionado las redes no solo con el gran hito del cierre de la granja –que ya es decir bastante-, sino que también la pareja ha decidido adoptar a uno de los perros rescatados.

Kenworthy ha publicado un mensaje en Twitter, adjuntando toda su angustiante experiencia en la granja:

“Los perros son amigos, no comida”.

Esta es su desgarradora historia:

“Esta mañana, Matt y yo hemos realizado una visita desgarradora a una de las 17.000 granjas de perros que hay aquí, en Corea del Sur.

En todo el país hay 2,5 millones de perros que se crían para ser comidos en algunas de las condiciones más inquietantes que se puedan imaginar. Sí, hay un argumento para afirmar que comer perros es parte de la cultura coreana. Y, aunque personalmente no estoy de acuerdo, no es mi lugar imponer los ideales occidentales a la gente de aquí.

La forma en que se trata a estos animales, sin embargo, es completamente inhumana y la cultura nunca debe ser un chivo expiatorio de la crueldad.

Me dijeron que los perros de esta granja en particular se mantenían en “buenas condiciones” en comparación con otras granjas.

Los perros aquí están desnutridos y maltratados físicamente, viven en pequeños corrales con suelo de alambre y expuestos al invierno helado y a las abrasadoras condiciones del verano.

Cuando llega el momento de sacrificar a uno, lo hacen frente a los otros perros por medio de electrocución que a veces toma hasta 20 agonizantes minutos.

A pesar de las creencias de algunos, estos perros no son diferentes de los que llamamos mascotas en casa. Algunos de ellos incluso eran mascotas al mismo tiempo y fueron robados o encontrados y vendidos en el comercio de carne de perro.

Afortunadamente, esta granja en particular (gracias al arduo trabajo de Humane Society International y la cooperación de un granjero que ha visto el error de sus caminos) se está cerrando permanentemente y los 90 perros serán llevados a Estados Unidos y Canadá, donde encontrarán sus hogares.

Adopté a este bebé dulce de la foto (lo llamamos Beemo) y vendrá a EE.UU. a vivir conmigo tan pronto como termine con sus vacunas en un par de semanas.

¡No puedo esperar para darle la mejor vida posible! Sin embargo, todavía hay millones de perros que necesitan ayuda.

Espero aprovechar esta visita como una oportunidad para crear conciencia sobre la inhumanidad del comercio de carne de perro y la situación de los perros en todas partes, incluso en Estados Unidos, donde millones de perros necesitan hogares amorosos”.

Kenworthy, conocido por ser un defensor de los animales, rescató a otros cinco perros callejeros en la edición anterior de los Juegos en Sochi, Rusia.

En las fotografías publicadas en su cuenta de Instagram, puede apreciarse a los perros de diferentes razas encadenados junto a la nieve y enjaulados en perreras.

Algunos de ellos se han acercado al esquiador para olerle y lamerle los dedos.

Y finalmente, aunque no se llevó ningún trofeo en los juegos olímpicos de 2018, Matt y Gus ahora se llevan a casa el mejor de los premios, a Beemo, que seguro tendrá un hogar lleno de amor.

Gus Kenworthy / Instagram / Twitter

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