La inocencia de los niños es capaz de robarse el corazón de cualquiera, para ellos no hay nada imposible, saben reconocer el valor de vivir con alegría, ser solidarios con los demás y disfrutar a plenitud cada momento.

Tal como lo demostró Norah, una pequeña de tan sólo cuatro años que logró cautivar el corazón de muchos al confesarle a Tara Woods, su mamá que adora a los abuelitos porque caminan a su ritmo y tienen una piel tan suave como la de ella.

Me encantan los “viejitos”, son los mejores porque caminan lento y tienen la piel suave, así como yo”.

Mientras estaban en un supermercado para realizar las compras para celebrar el cumpleaños de Norah, esta pequeña de aproximó a un anciano para decirle que anunciar el motivo de sus compras.

¡Hola viejo! Hoy es mi cumpleaños”.

Inicialmente la expresión de Norah no fue la más apropiada, lo que le causó vergüenza a su madre, sin embargo, la ternura fue la protagonista tras la conversación de este abuelito con la niña.

Norah realmente estaba tan contenta que al terminar la charla con el “viejito” le pidió a su mamá que por favor les tomara una foto juntos. Propuesta que el abuelito aceptó sin dudar.

Tara subió la foto en su cuenta de Facebook y contó su historia.

Publicada por Tara Wood, Writer en Miércoles, 29 de marzo de 2017

Una amiga se acercó a ella para decirle que el señor se llama Dan y que hace poco tiempo había perdió a su esposa.

Para su sorpresa, esta amiga también le reveló que este abuelito estaba solo y había disfrutado mágicamente la conversación con la pequeña Norah.

La madre de Norah decidió llamar al Sr. Dan para planificar un nuevo encuentro. Unos días después la pequeña Norah fue a visitar a su nuevo amigo mayor, quien la recibió con una mesa con lápices de colores para que cómodamente esta princesa le hiciera algunos dibujos para colocar en su refrigerador.

Tras permanecer más de tres horas conversando y dibujando también compartieron un delicioso postre.

Esta pequeña princesa estaba encantada de pasar tiempo con el señor Dan, quien no había convivido con nadie desde la muerte de su esposa.

Publicada por Tara Wood, Writer en Sábado, 29 de octubre de 2016

Cuando llegó el momento de la despedida él tomó una rosa en el jardín y se aseguró de quitarle todas las espinas antes de entregársela a Norah.

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El señor Dan reconoció que tras la muerte de su esposa había pasado días muy difíciles, pero que todo cambió mágicamente después que conoció a Norah y a su mamá.

Ahora ellas lo visitan cada semana, son como una familia para él. Norah y este abuelito son verdaderos amigos.

La emotiva historia de Norah y este abuelito nos demuestran que no hay edad cuando se trata de hacer el bien. Comparte esta lección de amor incondicional.