En cualquier lugar del mundo siempre se ha considerado a la familia como el pilar de una sociedad. Sin lugar a duda, es el elemento principal en la formación de valores indispensables para la convivencia entre los seres humanos.

Sin embargo, tristemente existen regulaciones implacables que son capaces de acabar con la unión familiar.

Esta semana el mundo ha sido testigo de la dolorosa separación de la familia García, quienes en un abrazo en el aeropuerto de Detroit dejaron al desnudo el dolor profundo ante la deportación a México de Jorge García después de 30 años. 

Jorge García es un hombre de 39 años, que llegó a los Estados Unidos cuando apenas tenía 10 años. Después de 30 años se ve obligado a echar por tierra toda su vida e incluso abandonar lo más importante que tiene un ser humano… ¡Su familia!

Este caso pareciera ser uno entre los miles que se estiman serán sancionados con las restricciones de las políticas de inmigración de Donald Trump.

Los antecedentes de este hombre son intachables, nunca recibió ninguna multa ni un llamado de atención y aun así este hombre trabajador de jardinería, contribuyente, esposo y padre de dos ciudadanos estadounidenses fue obligado a salir del país.

Ante esta situación algunos actores políticos se han pronunciado, entre ellos la congresista demócrata Debbie Dingell, quien invitó a Cindy García, esposa del inmigrante deportado al primer discurso sobre el Estado de la Unión que ofrecerá el mandatario en el Congreso.

La congresista expresó en un comunicado que Estados Unidos asistió con horror la deportación de Jorge García a México. Las leyes de inmigración han generado una fuerte tensión en el ambiente político del país.

La historia de la familia García es desgarradora. Es un síntoma de la ruptura de un sistema de inmigración antiguo y una reciente política de inmigración precipitada que no contempla la diferencia entre un hombre de familia trabajador y un criminal.

Muchos de los actores políticos coinciden que esta situación debe cambiar.

Debbie señaló que la presencia de Cindy simbolizará la voz de cientos de inmigrantes que esperan formar parte de las comunidades y merecen un camino hacia el estatus legal en el país que consideran su hogar.

Jorge conoció a su esposa en Detroit y empezó los trámites para regularizar su situación en el año 2005 sin obtener éxito.

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La familia informó que durante los 13 años este hombre acudió ante las autoridades migratorias sin abandonar la zona sin permiso. A pesar de haber cumplido con sus deberes y el pago de impuestos la deportación ocurrió el 15 de enero.

Cindy y sus hijos planean ir a visitar a Jorge durante el mes de abril. Aunque Jorge tiene prohibido el ingreso al los Estados Unidos durante un periodo de 10 años, planea iniciar desde México un proceso para poder regresar al país antes de esa fecha.

Bajo la condición de Jorge se encuentran muchos ciudadanos que mantienen la esperanza que los actores políticos que están a favor de cambiar el curso de la nueva regulación migratoria tengan éxito.

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