David Allen Turpin, de 57 años y Louise Anna Turpin de 49 años fueron acusados de un atroz crimen, el 14 de enero del año pasado fueron detenidos después de que su hija de 17 años lograra huir de su casa para denunciar las horribles condiciones en las que sobrevivía junto a sus 12 hermanos con edades comprendidas entre 2 y 29 años.

Ella llamó a la policía para denunciar que sus hermanos permanecían secuestrados en su casa, cuando los agentes la vieron pensaron que tenía solo 10 años por su desnutrición.

Julissa Turpin, una de las hijas de los Turpin tenía 11 años cuando fue rescatada, pero el diámetro de su muñeca era el de un niño de cuatro meses y medio. La menor solo comía un sándwich de mantequilla de cacahuete al día, igual que sus hermanos. Todos hacían una fila para ingerirlo de pie en la cocina de uno en uno.

Julissa permanecía encadenada mientras veía al suelo con expresión triste junto a Joanna, su hermana de 14 años, Jordan Turpin, de 17 años logró tomar fotografías con un teléfono móvil cuando escapó por la ventana para llamar a la policía.

Usó las imágenes para comprobar lo que denunció a los agentes, el miércoles proyectaron las fotos en el juzgado número 44 de Riverside, en el interior de California.

La fiscalía no había presentado las pruebas para acusar a David y Louise de 12 cargos de tortura y uno de abusos sexuales, el juez Bernard J. Schwartz prohibió la captura de imágenes y las grabaciones en el interior de la sala.

En las imágenes se podía apreciar la desnutrición crónica de los niños, el bajo nivel de potasio y de glucosa interfería en el crecimiento de sus músculos y afectaba su desarrollo cognitivo e intelecto.

“Las enzimas del hígado estaban pasando a la sangre, algo que ocurre cuando hay desnutrición severa”, dijo el fiscal.

Los investigadores relataron que todos los hermanos presentaban el mismo problema y fueron atendidos en centros hospitalarios después de rescatarlos.

Después proyectaron imágenes de los brazos escuálidos de los niños que estaban llenos de mugre exceptuando las marcas de las cadenas donde tenían las cadenas. El juez Schwartz así como los presentes en a sala escucharon la llamada que hizo la joven a la policía, esa que acabó con el infierno que estaban viviendo.

Jordan encontró un teléfono móvil que su hermano mayor había desechado y que solamente servía para llamar a emergencias, el 14 de enero huyó por la ventana de su habitación antes de las seis de la mañana y le contó a la operadora lo que ocurría.

“Me he ido de casa”, le dijo Jordan. Cuando le preguntaron la dirección ella leyó una secuencia de nueve números, era el código postal, pero ella pensaba que era la dirección. Finalmente la reconoció en un sobre, tenía dificultad para deletrear, solo recibió educación hasta primer grado.

“Somos 16 personas en la casa. Nos maltratan. Mis hermanos están encadenados”, dijo la adolescente.

La operadora le preguntó dónde estaba y ella respondió: “No lo sé. Nunca he estado fuera. No sé los nombres de las calles”.

“Si no hacemos lo que debemos nos encadenan”, dijo la menor aterrada, temía ser descubierta. Aseguró que buscó ayuda porque no soportaba ver a sus hermanas despertar y llorar de dolor.

De inmediato la operadora le avisó a dos patrullas policiales, y le indicó a la menor que se sentara al lado de una señal de Stop de donde comprobó que se encontraba. En la llamada Jordan dijo todo lo que salió a la luz después sobre el horror que vivía con sus hermanos y las torturas que les propinaban sus padres.

“La casa está tan sucia que a veces no puedo respirar”.

Además, relató que vivieron en Texas, y que sus padres los mantuvieron secuestrados en una caravana durante cuatro años, durante ese período estuvieron completamente abandonados.

Los investigadores declararon la suciedad y el olor de todos los niños, se publicaron imágenes de las prendas de ropa que tenían dos de las hermanas cuando fueron rescatadas.

Según ellos se bañaban una vez al año. Jordan relató que vivían una pesadilla, en medio de palizas, abandono, y oscuridad, se levantaba a las 11 de la noche y se dormía a las 3 de la madrugada.

Dormía durante 15 horas cada día sin ver la luz del sol, solo salía de su habitación para comer, lavarse las manos y los dientes.

Después de tener todas las pruebas, el juez condenó a David y Louise Turpin a 49 cargos, 12 de tortura, uno por cada niño menos el bebé de 2 años que permanecía en buen estado.

Asimismo, 12 cargos de secuestro, 7 de abuso de un adulto dependiente y 7 de abuso infantil. David adicionalmente fue acusado de cometer actos lascivos con una menor y ocho cargos de perjurio.

Mientras que Louis fue acusada de otro cargo por agresión, se estima que el juicio será el próximo 3 de agosto.

EM / EP

Esperamos que los 13 hermanos logren recuperarse de las lesiones físicas que sufrieron después de tantas torturas, y de los traumas psicológicos tras ser abandonados y maltratados cruelmente por quienes se supone que deberían velar por su bienestar. ¡Compártelo!